En San Agustín no se habló de otra cosa ayer al mediodía. Caballos, gauchos, banderas argentinas y un luto de tres días en el departamento y la radio transmitiendo en vivo, daban cuenta de la necesidad de homenajear al poeta. Ese que le dio a Valle Fértil su himno – Soy vallisto- que ayer cantaron en su honor repetidamente.

El cortejo atravesó el pueblo, hasta la municipalidad, donde hubo un emotivo homenaje a Quiroga y sus canciones inundaron el aire. Todas las academias de baile estuvieron presentes y se fueron rotando para bailar Corazón, Riquezas mías, Soy vallisto y Sangre extranjera, interpretadas por Natalia Atencio acompañada en la guitarra por Rolando García Gómez. Al canto, fuerte y sentido, se sumaron los hijos del músico, Facundo, Saúl y Natalia, junto a Viviana Castro, Pelufo Barbosa, amigos y familiares, y las lágrimas siguieron corriendo, pero los versos parecieron dar consuelo. No faltó el Aparcero Mayor, Jorge Dario Bence, quien despidió "al paisano amigo, al gaucho sincero, a un usnero de ley que se va para quedarse".

Pero el sepelio continuó- duró en total cuatro horas- y después se realizó la misa de cuerpo presente en la Parroquia de San Agustín, hasta donde el cortejo llegó a pie, cruzando la plaza. Ya estaba bien entrada la siesta y Valle Fértil no dormía, porque despedía a su hijo dilecto.

Pero fue en Usno, el lugar donde Quiroga pasó la mayor parte de su tiempo, que la despedida fue más intensa. En la puerta de su querido rancho hubo otra parada. La carroza fúnebre traspasó la tranquera pero el resto esperó afuera, los hijos habían pedido un momento de intimidad y todos respetaron sin chistar. La larga caravana que se formó para llegar hasta el cementerio de esa localidad, continuó y muchos se sumaron a pie durante las últimas cuadras. Aquí, la música de las guitarras cambió por los rezos. Allí estaba, donde están sus riquezas, ahí lo dejaron. Y al decir de Dario Bence: "Saúl comienza tu inmortalidad".