Los acordes de una guitarra suenan y de repente una clara pero pausada voz habla: "Éste es un comienzo, de las historias de la zona, de historias de uno, historias del poblador. Quiero contar de una persona que le debo un gran respeto, como mi abuela, una mujer india de la zona. Me siento orgulloso… de recordarla, por las cosas que me dictó, de lo que había pasado en este pueblo. Cómo ellos pasaban los días, los años, los meses…". Así inicia el viaje sonoro comandado por Don Alberto Ramírez, que logra transportar a otro tiempo y espacio, a la plenitud de las montañas, al imponente azul que enmarca la Cordillera de los Andes. La serie de relatos casi míticos del último baqueano que queda en actividad en Rodeo es plasmado en la obra "Vivir para contarlo: Relatos y memorias de la alta cordillera iglesiana". En formato de disco compacto, es un proyecto realizado por Cayana (Colectivo de Arqueología), un grupo de antropólogos y arqueólogos sanjuaninos que, con ayuda del programa Puntos de Cultura del Ministerio de Cultura de la Nación, logró registrar en fonogramas relatos orales -leyendas y narraciones poéticas – de la comunidad de Rodeo.
En la primera etapa del proyecto, Don Ramírez resultó ser el protagonista elegido. Desde hace más de 15 años realiza tareas como guía acreditado por la Administración de Parques Nacionales y la Municipalidad de Iglesia. Sin embargo, desde muy chico (a los 11) se convirtió en un experto baqueano del territorio. Además, es reconocido como un narrador versado de historias y prolífero autor de poemas en su comunidad. Esto llamó la atención e interés del equipo de antropólogos coordinados por la Dra. Ivana Carina Jofré, investigadora del Conicet. "Comenzó nuestra labor en el 2006. Cuando conocimos a Alberto, él nos enriqueció con sus anécdotas, nos nutrió de conocimiento", explicó Jofré. "Hay un ida y vuelta constante, entre sus opiniones y su visión del mundo, con la nuestra. Este proyecto colectivo tiene una doble función, en el campo antropológico, por el valor cultural y social; y en el campo educativo, por la transmisión de saberes para las futuras generaciones", dijo la especialista.
En la comunidad iglesiana, a Don Ramírez se lo conoce como "Varilla" y se siente feliz por la concreción de este disco. "Tuve la suerte de hacerme amigo con ellos. Tenían la idea de que mis vivencias no debían morir en el olvido y que mis palabras permanezcan en el tiempo. Hoy soy el último baqueano que está quedando, porque en mi pueblo los que están son muy viejitos y algunos ya fallecieron".
Nostálgico, "Varilla" hace memoria: "Me he criado toda mi vida en las montañas y en las lomas, mi madre me conchabó a los 11 para hacer tropero en Rinquintín. A los 16 me agarró un temporal muy grande en la cordillera y ahí estuve 17 días cubierto de nieve. Muchas personas perdieron sus dedos y uñas por querer pasar el camino. Pasé cosas terribles, pero así fui adquiriendo conocimiento. Ayudo mucho a la comunidad y me gusta hacerlo, lo llevo en la sangre".
El baqueano de 59 años de edad tiene dos hijos estudiantes universitarios y mantiene la esperanza de transmitir su legado a otro guía que pueda algún día ocupar sus botas. "Para la supervivencia en el campo, a los jóvenes no se prenden mucho en esto, pero es mi deseo de que alguien esté cerca mío para capacitarlo en todo lo que sé. Me gustaría muchísimo que alguien continúe con lo que hago yo", expresa Ramírez.
Rodeado de montes, rocas y petroglifos, en el horizonte de su mirada, Don Ramírez contempla felizmente cada amanecer. "La cordillera me transmite mucha paz, hay cosas que tiene este lugar que no se puede explicar. Como se refleja la imagen de la montaña, se ve un espejo abajo y se nubla la cordillera en el llano. Es atrapante. He visto a muchos turistas llorar de alegría cuando lo descubren. Uno nunca termina de aprender", dice.

