"Ésta es la música que yo hago, los Rolling Stones soy yo, son mi vida; el resto son pasiones e intereses alternativos". Así, con esa lealtad a prueba de balas que sostuvo hasta el final, se resumió -en una de sus últimas entrevistas, a pocos días de su último cumpleaños- Charlie Watts, considerado 

el miembro de más bajo perfil de los Rolling Stones, quien ayer dejó este plano entre la admiración y el cariño de colegas y seguidores. Cualidades que lo destacaron en un ambiente cargado de vanidades, donde además la banda activa rock más longeva de la historia supo movilizar masas alrededor del mundo durante 58 años. El legendario baterista, fallecido en Londres a los 80 años, fue mucho más que el baterista del grupo y quizás su influencia y trascendencia en el espectáculo internacional tome aún más valor con el tiempo. 

Amante y cultor comprometido del jazz , pese a que el rock le dio la mayor popularidad, Watts fue una figura clave en la máquina exitosa que fueron los Stones, en primera medida gracias a su sutil y virtuosa percusión; pero también por ser el encargado de sostener el balance interno en el grupo poniéndole frenos a los excesivos egos de Jagger y Richards. Watts se mantuvo siempre alejado de los escándalos públicos y a años luz de la alta exposición mediática y excentricidades del resto de sus compañeros. Un ejemplo de esto fue cuando, en la previa de un recital, Mike llamó a su habitación del hotel de Amsterdam en la madrugada para reclamar que "su baterista" debía estar a disposición porque él quería ensayar. Sin inmutarse, Watts se levantó, se afeitó, se vistió de traje, fue a la habitación del vocalista y le propinó un golpe en la cara, para luego aclararle: "No soy tu baterista. Vos sos mi cantante". En los pasillos se rumoreó que desde esa noche, Jagger -con quien eran amigos, aunque manteniendo cada uno su metro cuadrado- nunca más lo llamó así. 

Nacido el 2 de junio de 1941 en Londres, Watts llegó a la música justamente a través del jazz, con el cuarteto The A, B, C & D of Boogie Woogie. Fue un autodidacta integral que aprendió de oído siempre cerca de aquellos bohemios músicos de clubes jazzísticos londinenses. Él mismo sostenía que "nunca fui a una escuela, eso no es lo que me gusta, lo que me gusta del jazz es la emoción". Así armó proyectos paralelos a los Stones, como Charlie Watts Quintet y el grupo Charlie and the Tentet Watts. Siempre con esa elegancia inglesa, llevaba un estilo de vida sano, reservado, sereno y bien fuera de serie, porque era totalmente opuesto a la figura capusoteana de "Pomelo, el rockero". Cuando el resto del grupo estaba subido a la vorágine de las giras, el chico bueno y pacífico elegía quedarse en los hoteles, dibujando las camas de los cuartos donde le tocaba hospedarse. Públicamente fue visto como un verdadero caballero del rock y uno de los más queridos por los fans argentinos. 

Cuando en 1995 llegaron los Stones por primera vez al país, fue un suceso. Enorme repercusión mediática tuvo el día que pisaron la Quinta de Olivos, cuando Carlos Menem era presidente. El día del encuentro, la recepción fue con pizza y champagne. Tras contarle sus diversas hazañas deportivas, Menem los despidió con cajas de habanos cubanos que le enviaba directamente Fidel Castro de regalo. Pero las crónicas de la época recuerdan al baterista más interesado en buscar haras de caballos de polo y deseoso de conocer los típicos boliches tangueros de San Telmo. 

Más allá de cualquier altibajo y diferencias -que prefirió mantener puertas adentro- la incondicionalidad de Watts con el grupo fue notoria. Y recíproca. Así fue que la banda lo esperó y acompañó en el tratamiento de su cáncer de garganta, un mal que fue alejándolo poco a poco de la escena. Por eso, finalmente, se había bajado de la gira que el combo programó para septiembre por Estados Unidos.

Watts era consciente de que el fin de tiempo estaba cerca. Así lo predijo meses atrás: "Es difícil parar, aunque personalmente pienso que se está acercando el momento de decir adiós a las giras de los Rolling Stones. Las piernas flaquean y el cuerpo ya no aguanta ninguna jornada de resaca. Las giras son duras", supo decir el artista, quien puso a los espacios personales como una de las claves del éxito: "Nunca hemos convivido, sólo nos juntamos para tocar y a ese espacio que nos concedemos entre unos y otros debemos el mantener vivos a los Rolling Stones durante tantos años".

Los Stones lograron reconstruirse tras la muerte de Brian Jones en 1969, pudieron superar la pérdida del pianista Ian Stewart y reemplazar al bajista Bill Wyman. Pero sin Watts… Fueron tantos años, como dijo él. Será algo más difícil de digerir, porque no solo ponía el ritmo, sino que también era el alma del cuarteto. Y aunque los Stones continúen rodando, sin lugar a dudas habrá un gran vacío, muy difícil de llenar.

 

Despedido con honores

La muerte del baterista de los Stones generó  inmediata repercusión en el ambiente artístico mundial.

"Estoy muy triste por la muerte de Charlie Watts. Sabía que estaba enfermo pero no que era tan grave. Era un hombre adorable. Mis condolencias a su familia y a los Stones para los que sé que su partida es un duro golpe porque Charlie era una roca. Un baterista fantástico, firme como una roca", Paul McCartney

"Dios te bendiga Charly Watts. Vamos a extrañarte. Paz y amor a la familia", Ringo Starr 

"Un día muy triste. Charlie Watts era el baterista máximo. Un hombre de lo más elegante y un amigo brillante. Mis condolencias a Shirley, Seraphina y Charlotte. Y por su puesto a los Rolling Stones",  Elton John

"Qué horrible noticia. Uno de los verdaderos íconos de todos los tiempos y la columna vertebral de los Stones. Es difícil reconciliarse con este pérdida. Qué gran tristeza", Paul Stanley, de Kiss. 

"El ritmo de los Stones. No hacen falta palabras, cada groove habla por sí mismo", Lenny Kravitz.

"Qué triste, hemos perdido a un verdadero caballero. El inmaculado corazón palpitante de los Rolling Stones. En verdad es un día triste", Roger Taylor, de Queen.