José Riveros es el payador sanjuanino único en su estirpe y estilo. Reconocido por los centros tradicionalistas de la provincia y las federaciones gauchas del país, participó recientemente de un encuentro internacional donde junto a otros pares chilenos, terminaron hermanados con una guitarra, un canto y una payada.
¿Qué es ser un payador? Don Riveros larga una copla al instante: ‘Es difícil la pregunta, trataré de responder para la copla y encender donde la rima se adjunta. Simplemente tiro en yunta por eso lo de este encuentro y además, me concentro en el arte de improvisar, ¿cómo se puede explicar lo que te nace de adentro?’. Es conductor radial, conduce su programa folclórico por AM las 40 de lunes a viernes llamado ‘Un canto celeste y blanco’ y trabaja en la organización de festivales, jineteadas y peñas. Se cruzó en numerosos contrapuntos con los más grandes de la escena nacional: Gustavo Bello, José Curbelo, Nicolás Membreani y Gustavo Guichón.
Hombre tradicionalista, nacido y criado en La Bebida, Riveros dialogó con DIARIO DE CUYO, sobre el arte de la copla improvisada.
– Soy el único que se anima a actuar en un escenario. Hay gente por supuesto que sabe decir versos o enhebra coplas. Pero en la payada, estrictamente hay que regirse por la métrica. Payadores los hay en todas partes, es como un trovador más en el mundo. Acá somos más fuertes con el recitado, como Darío Bence o Pascual Recabarren. Habrá que cultivarlo más, poner una escuela de payadores, la verdad que no lo sé, como tampoco puedo afirmar bien si el payador se hace o se nace.
– Al principio, ni la guitarra sabía tocar, pero fui despacito aprendiendo. La práctica es fundamental. La base de todo buen payador es saber armar las palabras. A partir de allí, juega un poco la suerte. Cuando se empieza a payar, me encuentro con muchos caminos abiertos para seguir. Entonces encontrar el mejor es clave para agradarle al oído del espectador. Tener estudio, leer mucha poesía, tener dominio de vocabularios, ayuda mucho. Pero en la balanza, también se pone la picardía, para ver cuánto llevo a mi terreno en una pulseada. Al final, la gente espera ver a un payador más parecido al Martín Fierro y que le hable en lenguaje criollo, por más culto que sea uno.
El reto más difícil para él, no es un contrapunto, sino enfrentarse a un público hostil. Pero en un contrapunto, ‘el payador debe armar un rompecabezas de palabras y cuando termina la décima, la gente termina asombrada por lo que escuchó. Las palabras salen solas. De dónde saco las energías, no lo sé. Saber en qué momento sacar las palabras exactas, tampoco. Pienso que la mejor copla es aquella que está por venir’, dijo Riveros, quien lleva cerca de cinco discos editados y una extensa obra de versos y coplas escritas, en ritmo de milongas, valses y tonadas. ‘Mis palabras llegan a muchos lados sin querer, hay chicos que repiten mis versos y al enterarme de eso, me llena de satisfacción. De alguna manera, es una enseñanza que transmito indirectamente. Si pudiera empeñar más tiempo a enseñar y que pueda subsistir de ello, sería el triunfo total para el payador’. A sus casi 50 años, un verso escrito o una grabación que caiga en manos de un futuro principiante, para Riveros, sería la prueba más viva de su legado: ‘al momento de irme, la obra es lo que queda y es ahí cuando un payador nunca muere’.
