Le parece demasiado el tiempo que hace que no viene a la provincia. Siete años pasaron desde la última vez que el virtuoso Bruno Gelber actuó en San Juan, en el Auditorio Juan Victoria que nuevamente lo recibirá el próximo jueves, como una de las joyas de la temporada 2009 de Mozarteum.

De regreso en Argentina en medio de una carrera que registra más de 5 mil conciertos en más de 50 países, el Maestro radicado en Montecarlo levantó el teléfono y -como siempre- se dispuso gentilmente a la charla con DIARIO DE CUYO. Tan cordial y educado como firme en sus declaraciones, el artista habló de su vida y obra, atravesadas por la misma pasión: la música.

– Usted toca el piano desde que tiene uso de razón…

– Desde mucho antes (risas)

– ¿Alguna vez pensó en hacer otra cosa?

– No. Nunca tuve esa locura. No tengo recuerdo de existir sin ese señor de cola larga negra y dientes blancos.

– ¿Qué poder ejerce la música como para que le dedique la vida?

– Un amor recíproco, de esas pasiones irresistibles que si uno no las sigue se muere.

– Dijo alguna vez que la relación con la música es casi mejor que con una pareja…

– Sí, porque no decepciona nunca. Además no hay nada más difícil que las relaciones interpersonales, porque a un ser conocido se le exige siempre más de lo que da, tal vez por inseguridad. La persona que está al lado de uno tiene que ser muy segura para no acomplejarse.

– Podría decir "Mientras más conozco a los hombres más quiero a mi piano"

– No, yo adoro a los seres humanos, lo que digo es que incluso para la familia es difícil estar al lado de uno, porque lo ven más como personaje que como persona. Pero me encanta recibir amigos y a veces conversar con gente que no conozco. No me gusta estar estar rodeado de gente porque sí…

– ¿Y qué tipo de personas rechaza?

– Rechazo la vulgaridad y la violencia y no me gustan las personas que tratan de parecer lo que no son o las que me tienen miedo…

– ¿Y por qué le tienen miedo?..

– No sé, a lo mejor porque tengo las cejas altas o porque sé lo que quiero (risas)

– La música le ha dado las mayores satisfacciones, pero también habrá quitado otras…

– Lógicamente, porque uno no es ciudadano del mundo quedándose sentado en un sillón, sino corriendo detrás de trenes, aviones, viviendo en hoteles, cambiando de países, de comidas, de gente…

– Julio Bocca, al hablar de su retiro, dijo entre otras cosas que estaba cansado de todo eso. ¿Sintió algo parecido?

– No, yo pararé el día que me vaya para arriba. No hay nada en el mundo que me dé más placer que tocar en público, así que no estoy pensando de ninguna manera en retirarme, no tengo ni la edad ni las ganas.

– ¿Padeció esas carencias?

– No hay nada en la vida que sea cien por ciento felicidad y perfección. Un gran amor son cinco minutos de perfección y cien de angustia e inseguridad. Todo, por más placer que dé, conlleva su parte de sufrimiento.

– ¿Ha sentido soledad?

– La soledad es un plato curioso porque uno se puede sentir solo rodeado de gente y habitado estando solo. Lo más importante es saber ocuparse de uno mismo, conocerse y no querer llenar soledades aparentes con cualquier cosa. A veces da piedad ver a gente conocida con el entorno que tiene.

– Usted ha sabido rodearse…

– Bueno tengo amigos en todas partes del mundo, lógicamente no los tengo nunca juntos porque primero serían demasiados y porque también se ponen celosos los unos de los otros, sobre todo las mujeres (risas). Mi vida es como un libro, cuando llego a una ciudad, lo abro en la página justa y es como un revenir, están mis costumbres, el mimo cuarto en el mismo hotel… No me queda ciudad por conocer ni condecoración o premio por recibir. Lo que sí me queda es la alegría de ese momento con la música. Yo le aseguro, y no lo digo porque quede bonito, que esa plenitud que se siente cuando uno está tocando bien, que eso pase por uno, es tan mágico que no lo igualo a ningún otro placer.

– No debe ser fácil seguirlo…

– Para los demás estar cerca de una persona famosa e itinerante no es fácil, y sobre todo no siendo el protagonista. De todas maneras he sido querido y he querido, he sentido todos los sentimientos humanos y espirituales que se pueden tener, es decir que me podría morir dentro de un segundo que no me quedan cosas pendientes de las que realmente me interesan.

– Jamás estuvo en duda su preferencia por la música…

– Nunca, porque mi gran amor es la música.

– Y su madre…

– Sí. Y ninguna de las dos me decepcionó nunca.

– La polio que padeció de niño, la pérdida de su madre y el accidente que hace años puso en riesgo sus manos fueron golpes fuertes en su vida ¿Teme al sufrimiento?

– El sufrimiento es una parte de la vida y, aunque pudiera parecerlo, no he vivido sobre un lecho de rosas; pero si todo empezara otra vez, transitaría el mismo camino.

– ¿Se considera un ser privilegiado?

– Absolutamente, porque estuve dotado para lo que más me gusta y siendo argentino pude llevar arte por todo el mundo y ser considerado como lo soy. Hay muy poca gente que hace lo que le gusta y con éxito. Me hubiera gustado no tener polio ni accidentes y tener a mi madre con vida, pero las cosas son como son.

– ¿Qué lo sostiene ante el dolor, además de la música?

– La esperanza

– ¿Es creyente?

– Mucho, si bien no soy practicante feroz. Rezo, es una manera de elevarse y de espiritualizarse; porque como dijo Saint Exupery, lo esencial es invisible a los ojos.