Con muchas novedades bajo el brazo, algunas que darán que hablar, y con la misma pasión, Adriana Varela volverá a encontrarse con sus admiradores locales, que hace más de un lustro no disfrutan de su presencia. Será en una fecha especial, para la gala patria del 25 de mayo (ver aparte). Y ella dice en diálogo con DIARIO DE CUYO que está feliz con este regreso. ‘Es cierto, a San Juan hace un montón que no voy, y es una provincia que me encanta, con gente muy cálida… me acuerdo que la última vez me sorprendí, dije guau, me quieren!’ recuerda la visceral intérprete y cálida mujer, quien disfruta de un regreso descontracturado. ‘Es un festejo, así que voy con tangos y si hay algo que se me pida, ustedes saben que lo toco, así que feliz’, adelantó Varela, quien sin abandonar su pasión por el 2×4, retomó su primer amor, el rock, con un disco tributo a las figuras de su generación.
– ¿Cómo comenzó tu relación estrecha con la música? – De chiquitita… mi papá era químico industrial, tenía industria y le gustaba el jazz y el blues. Y mi mamá, docente, se levantaba y nos ponía a todo lo que da boleros, música clásica… En ese momento no nos gustaba nada de eso y a los 11 escuché por primera vez a Los Beatles y me partió la cabeza. Yo soy hija del rock and roll. Mi ADN es el rock… Cuando Juan Alberto Badía me escuchó en un pub haciendo canciones urbanas y me dijo ‘Quiero que debutes en Badía y Cía’… guau… – ¿Y por qué viraste al tango? – Porque gente muy grosa me empezó a decir que tenía que probar y qué se yo… – Te vieron la veta… – Veían que no había una mina tan porteña, no tanguera eh?, y con un look diferente. Me decían que yo le vendría muy bien al tango, porque no había figuras jóvenes… estoy hablando de los ’90. Luego alquilé la película Sur y con el Polaco (Goyeneche) me pasó lo mismo que con los Beatles, me partió la cabeza. Ahí fue que me acerqué a un lugar y empecé a cantar tipo aprendizaje, pero para nadie, porque iba los días de semana. Resulta que el lugar era Café Homero, un templo, donde los fines de semana cantaba el Polaco y lo iban a ver figuras como Serrat, Omar Sharif, Gian Maria Volonté, Sacristán… Un día el dueño me dijo ‘Este fin de semana viene el Polaco, pero falta el otro cantor ¿podés venir a reemplazarlo?’, y yo, chan! Imaginate, hacía 20 días que había descubierto al Polaco en una película!… Canté, temblando; estaba lleno, lleno, lleno de gente, y él, yo no lo había visto, acodado en una barra, de espaldas a mí. Cuando terminé, se dio vuelta y me llamó con la manito. Yo dije ‘acá saca un 38 y me pega un tiro’. ‘Vení, vení, vení’, me dijo. Y yo ‘perdón, maestro, perdón’. ‘¿De dónde saliste vos?’ preguntó. Y le conté que era fonoaudióloga, que esto lo hacía de hobby… y entonces me dijo ‘Yo quiero que donde vaya yo, vengas vos’. Miró a la mujer y a los hijos y les dijo ‘Es ella’. ¡Es ella!… Me tomó como una hija, así empecé. – Seguro recordás ese tango… – Muñeca brava, era el que más curtía, por eso lo hice (risas), y luego me enteré que era el preferido de Cortázar.. – Y chau rock, aunque algo debiste capitalizar de todo aquello, la fonoaudiología incluso… – Sí, fijate que todo es una consecuencia de. La fonoaudiología tiene que ver con el lenguaje, y cantar también. Y después está la identidad… en en este caso es el tango, pero te cuento que estoy terminando de grabar un disco de rock, que está produciendo mi hijo, que es gran músico, y mi coach es mi hija que es profesora de canto… – Siempre se vuelve al primer amor… – Voy a seguir con el tango eh?! es el pasaporte, pero vuelvo a mi fuente, sí… Yo tenía la idea de homenajear a mis contemporáneos, a Fito, a Charly, a Pedro… lo banco yo y lo hago a mi tiempo, a mi modo, porque es un disco mío y de mis hijos… Y de golpe Fito se coló, porque quería estar, y Pedro también… y me falta un solo tema y está. – Es rock sin fusiones… – No es un rock tangueado. Van a escuchar una Adriana cantando rock… tampoco una Tina Turner (risas). Es un disco ecléctico, porque tiene desde un tema de Los Redondos súper loco hasta uno de Almendra que es de cámara, porque es con cuerdas… es un disco de canciones de rock, sin vicios tangueros. – ¿Encontrás un punto común en ambos géneros? – Muchos de los tangos y los rocks tienen bronca y son básicamente apasionados ¿no? No tienen vergüenza de mostrar el corazón roto, y eso me parece alucinante, odio el caretaje, los que dicen ‘yo no sufro, no me afecta…’. – Bueno, no es casual que se diga que el tango, y por qué no el rock, se paladean mejor con los años… – Todo mejora con los años, menos el cuerpo (risas). Hablando en serio, comprender es algo muy interesante. Y todas las letras son la existencia, no importa la anécdota; por eso me gustan. – ¿Hay algún tema que podrías haber escrito vos? – Nooo… ¡Son tan grosos los tipos que yo canto! Sería una locura pensar que yo puedo escribir como estos capos. Recuerdo que a Erenesto Sábato le preguntaron qué libro le hubiera gustado escribir; y él dijo que le hubiera gustado escribir el tango Sur, de Homero Manzi. Sur es la síntesis de un tipo con un vuelo poético… como era Manzi, el número uno… – ¿Y alguno que te pinte, que te retrate? – Muchos, todos, no hay uno… pero no soy yo la que los protagonizo, más bien me pongo en la piel del autor… ¿Viste cuando uno es vehículo de algo? Bueno, así lo siento yo. Yo soy vehículo de las canciones, pero todas me atraviesan.

