"Con gran emoción, y obviamente, sentimientos encontrados, les cuento que voy a dejar de bailar después de la temporada del ABT del 2015…", anunció el año pasado, y revolucionó todo. ¿Cómo podía ser que ella, ese ángel de la danza que cautiva y emociona con su perfección y sensibilidad, se retirara de los escenarios en total plenitud? Justamente es eso lo que la inigualable Paloma Herrera desea, y sintió que el momento era ahora, a sus 39 años.

"Siempre supe que quería retirarme joven, exactamente con la misma pasión, ganas y energías que tenía a los 7 años, cuando empecé", explicó en aquella carta. Y está feliz. Así lo transmitió también en una larga y cálida entrevista con DIARIO DE CUYO desde Nueva York, donde en junio encarará su última temporada con el American Ballet, del que es figura. Antes y después, se despedirá en su país, en una gira que la traerá por primera y última vez a San Juan, el mes próximo (ver arriba).

"La verdad es que tomo conciencia que me retiro por todo lo que se generó. Cuando mandé el famoso mail, mi computadora explotó (risas). Nunca pensé que iba a ser tan fuerte… Mi sueño era bailar en una compañía como el ABT y hacer los ballets que me gustaban. Cumplí el sueño de mi vida. Tal vez por eso puedo tomar esta decisión tan segura, porque no hay pendientes", expresó con la serenidad y firmeza que la caracterizan.

– Cuando hablamos en 2013, no lo mencionaste. ¿Cómo llegó la decisión de retirarte?

– Se sabe que la vida del bailarín no es eterna. Yo lo que sabía es que quería retirarme joven, dando el máximo, pero nunca planeé absolutamente nada. Fueron muchas cosas que se fueron dando y antes de la temporada del Metropolitan sentí que era el momento y quise anunciarlo.

– ¿Cómo fue ese "click"?

– Fijate que en el momento que escribí el e-mail lo dejé en espera unos días, lo iba mirando, releyendo. Después de una función súper especial, volví a sentir que sí, que quería quedarme con ese recuerdo, dije "así me quiero ir". Luego de esa gira llegué a casa, lo volví a leer, hice "click" y lo mandé. El mundo está cambiando, todo es más light y yo no creo en eso, no soy una bailarina robot, no creo en eso, por algo soy artista, soy bailarina, expreso, me gustan las cosas profundas, el teatro, leer, la música, observar, las charlas… ahora están todos con el teléfono, dispersos, no están 100% en nada… Yo no soy de ese estilo, nunca lo fui, desde los 7 años que empecé soy pura pasión y entrega…

– Sentís que no encajás en el mundo de hoy…

– Exactamente… y no sólo en el arte, ni en la compañía; es general, en el mundo, todo es tan rápido, tan fugaz, tan superficial… A mí me gusta caminar por la calle y aunque estoy a full porque vivo en Nueva York, parar y sentarme a tomarme un cafecito y mirar a la gente. Y me gusta estar en casa con amigos, con mi familia y disfrutarnos, no estar mirando los celulares y que nadie se habla. Soy otra onda, sí, y sé que no puedo cambiar el rumbo de la vida, pero puedo manejar mi carrera; así que prefiero quedarme con ese recuerdo de esta historia maravillosa que tengo. Fui parte de una generación maravillosa, bailé con los mejores bailarines, grandes estrellas, no puedo pedir nada más. Quiero quedarme con esa magia.

– Y querés que el público también se quede con esa imagen…

– ¡Sí, también lo hago por el público! Gracias a Dios han tenido un montón de tiempo para verme, porque tuve una carrera larguísima por suerte, a los 15 ya estaba bailando.

– ¿Te preocupa la decadencia?

– Soy una convencida de que el ballet es belleza, espíritu y sobre todo libertad. Más que juventud es libertad. A mí me gusta tomar clases y ensayar porque cuando subo al escenario me gusta ser completamente libre y disfrutar; y no pensar "esto no me va a salir". Cuando uno se va volviendo más grande, hay más dolores, cuesta más y empezás a pensar en otras cosas. Por suerte yo nunca los tuve, pero tampoco quiero que me lleguen.

– Hubo artistas a los que les ganó la nostalgia por los aplausos…

– No creo que me pase, porque yo bailo porque me hace feliz, el resto es extra. Jamás busqué el aplauso, ser famosa o el centro de atención. Desde que tengo conciencia me encanta bailar. Todo lo demás, los premios, los reconocimientos, fueron bienvenidos, claro, pero extras. El público me decía "gracias" y yo no entendía bien por qué, porque yo adoro lo que hago, adoro estar en el escenario. Y ahora también me doy cuenta de que me encanta estar del otro lado, lo disfruto y soy cero envidiosa. Adoro ir a otras funciones y dar clases, me hace feliz, me llena el espíritu. No hay vacíos…

– Alguna vez reconociste que si te retirás, es porque ya llegaste…

– Me parece que lo merezco, humildemente. Los bailarines tenemos eso de que uno nunca llega. Desde que tengo 7 años tomo la misma clase que hoy. Miro para atrás y veo que hice lo que soñé. Sin embargo termina una función increíble y al otro día es volver a empezar. Ha sido una vida sacrificada también, aunque la he disfrutado. Merezco decir "Bien Paloma, hiciste una carrera maravillosa, ahora podés disfrutar de otras cosas".

– Está bueno reconocer los propios logros.

– Sí, miro para atrás y soy una agradecida. Ahora veo un poco, a la distancia, lo que he logrado. Hoy disfruto de lo que hice, de lo que sembré, ya está…

– ¿Pensás en el día después?

– No, ni idea. Será distinto, seguro; pero siempre fui de vivir el presente. Siempre seguí mi corazón.

– Y no te fue nada mal…

– (Risas) No. ¿Por qué cambiar ahora? Me voy con los mejores recuerdos, me voy feliz, nada lo empaña… Después que las siguientes generaciones hagan lo que quieran, me parece fantástico, yo ya lo disfruto desde otro lado.

– Obviamente vas a seguir vinculada a la danza. ¿Te ves como maestra, coreógrafa o simple y gozosa espectadora?

– Coreógrafa no, porque hay que tener un talento que no tengo. Hace varios años que doy clases, de técnica clásica, de variaciones, de repertorio; y ojalá hubiera empezado antes, porque he aprendido tanto, pero tanto… sobre mí también. Me encanta ese proceso y uno vuelca su experiencia y lo aprendido de otros coaches. Yo he trabajado con los más maravillosos, algunos increíbles y otros terribles.

– ¿Y cómo es Paloma como coach, de las increíbles o de las terribles?

– Uno trata de sanar. Hay maestros que han sacado lo mejor de mí, otros que me pusieron en situaciones tensas, horribles; entonces uno aprende y dice "ojalá yo no repita jamás eso". Todo es aprendizaje, hasta el último momento, pero no sólo en la danza: en la vida. Me gustaría seguir con mis masterclasses pero, volviendo a lo que me preguntaste, después del 2015 me gustaría también tomarme mi tiempo para descansar, reorganizarme, ver de qué tengo ganas. Igual tengo cero apuro, veremos cómo van las cosas.

– ¿Qué te gustaría hacer que no pudiste antes, fuera de la danza?

– Siempre he tratado de dar el ejemplo de que la danza no es una tortura, que uno puede ser un excelente bailarín y al mismo tiempo tener una vida maravillosa, amigos, ser una persona común y corriente. No es todo sangre, sudor y lágrimas, como es la fama. Por supuesto que hay mucha disciplina y trabajo, y yo soy la primera en llegar y la última en irme, pero al margen de eso se pueden tener muchas cosas. La danza no es una burbuja, y fijate que mientras más rico es tu mundo, más podés dar en el escenario. Pero bueno, sí, tendré más tiempo para ir al cine, al teatro, para leer, para estar con mi familia, para salir… cosas a las que tal vez no pude dedicarle más tiempo por mis clases, ensayos, actuaciones, giras…

– Clases, ensayos, actuaciones y giras que, si te dieran la opción de elegir, volverías a hacer…

– To-tal-men-te (risas).

– Siempre viviste como si fuera el último día…

– Exacto, exacto… exacto. Por eso mi última función será como la primera, como la del medio, como la de ayer: cada función, grande o chiquita, en el teatro de provincia o en el súper teatro, es igual de especial, porque todas son al 100%, entrega y disfrute al 100%. No hay una menos que otra.

– Al menos curioso entre tanta especulación… ¿Te considerás un bicho raro?

– Puede ser, siempre fui como un bichito raro, desde chiquita. No es que quise ser diferente, pero era así, no era tanto de ir a cumpleaños, qué se yo… pero nunca lo sufrí, ¿eh? Para mí era normal y era muy segura. Y mi familia, mis padres, que son la luz de mi vida, me han respetado tanto en lo que pensaba, me han dado tanta seguridad desde pequeña, y me han dado tanta libertad… Por eso digo: "¿Qué curioso lo de mi nombre, no? Paloma".

– Libre hasta para elegir cuándo terminar un vuelo…

– Y empezar otro. Ahora me preparo para cerrar el ABT, quiero despedirme de mi país y en diciembre cumpliré los 40, así que "gran fiesta gran". Y después será otra cosa…

– La verdad: ¿En algún momento, cuando tomaste la decisión, lloraste?

– Sí, cuando lo hablé con mi director. Lloré como nunca había llorado antes. Justo esa noche me habían invitado a ver una gala de ballet, estaba ahí mirando la función y de repente vi todo claro, tenía una seguridad, una decisión… disfrutaba del talento de esos bailarines y estaba feliz, como si me hubiera sacado algo de encima. Yo no había contado nada aún y todos me decían "¡Paloma, estás radiante, qué te pasó!" (risas). Y sentí que estaba todo bien…