Desde hoy a las 19 (hora oeste) la pantalla de televisión mostrará una nueva faceta de Damián de Santo, cuya última aparición en este medio fue en Socias. "Lifeline" es el primer periodístico de cine de Infinito, donde el actor y también director teatral (este año comandó una comedia en Carlos Paz, protagonizada por Gustavo Conti) presentará un ciclo de películas basadas en hechos y personas reales, en medio del cual De Santo contará detalles no revelados y realizará algunos comentarios.
"Será mi primera vez en la conducción, y desde mí, que es más difícil (risas). Mi rol básicamente será presentar películas que he visto y dejar en claro que la realidad supera la ficción", comenta en diálogo con DIARIO DE CUYO De Santo, desde Villa Giardino, Córdoba, donde se radicó y pilotea su emprendimiento de cabañas.
– ¿Siempre te gustó el cine?
– Me encanta el cine, no sé si puedo decir que soy un cinéfilo, pero sí he visto y veo mucho, me parece un género fantástico y lo disfruto mucho, no sólo como actor, sino también como espectador.
– Te creés lo que ves…
– Ah sí, el hecho de que me metan en un mundo fabricado me parece maravilloso. Yo si entro al tren fantasma, entro para asustarme.
– La conducción revelará otra de tus varias facetas…
– Sí, una más (risas), me sigo desencasillando. En realidad todo tiene que ver un poco con mi profesión, no es que me puse una verdulería. Tal vez lo más alejado sea lo de las cabañas, pero a la vez sigue siendo darle placer y entretenimiento al público; y también me enriquece no sólo como persona, sino también como actor.
– Cómo te fue con la obra en Carlos Paz…
– Fue un verano difícil para el teatro, pero terminamos bien, con mucha alegría y agradecimiento. Y ahora nos vamos a Buenos Aires.
– ¿Y no te dan ganas de volver a la tele, a la actuación?
– Este año no, en general yo hago televisión cada dos años, porque agota. Y tampoco hay algo que me seduzca mucho. A veces he tenido que seguir de manera ininterrumpida, pero ahora con las cabañas puedo relajarme un poquito más. Además no aspiro a llegar al millón de dólares, así que no hay ninguna ansiedad. Ya que tengo cosas que me alimentan la panza, elijo hacer las que me alimentan el espíritu…
– Preferís esperar…
– Sí, porque lo puedo hacer. Y si no pudiera, bueno, estaría vendiendo llaveros. Prefiero resguardar mi carrera de más de veinte años a hacer algo que luego tenga que lamentar.
