La psicóloga chilena Pilar Sordo vuelve a San Juan, esta vez, para brindar una conferencia esta tarde en el marco de la Feria Provincial de la Cultura y el Libro de Rawson. La Best Seller, que se hizo famosa a partir de su libro ¡Viva la diferencia!, ha vendido ya miles de ejemplares de "No quiero envejecer", su más reciente publicación, en la que se mete de lleno con el paso de los años y los modelos culturales reinantes en Latinoamérica. Recién llegada de una exitosa gira por Perú y Ecuador, la gurú de autoayuda dialogó con DIARIO DE CUYO y adelantó algunas de sus ideas fundamentales.

Aunque fue inevitable consultarla sobre la nueva crisis que atravesó su país tras el terremoto en Illapel. "Yo espero que todas estas cosas sean una invitación para que nos unamos más. Amo la capacidad de mi país de levantarse, organizarse y ayudarse en situación de catástrofe como lo hicimos esta vez", comentó.

-¿Cómo surgió No quiero envejecer?

-Surgió cuando estaba la investigación de Bienvenido dolor (anterior título) y cuando trabajaba el tema de la muerte en los talleres, es que aparece el concepto dado por la gente de que no querían envejecer. Me pareció curioso, porque si no querían envejecer es que se querían morir, porque no hay otra opción. Cuando empiezo a tratar de descifrar eso, doy con que hay una inconsistencia valórica tremenda entre un discurso en sentirnos países medianamente creyentes en algo, que cuando hay que ejecutarlo no sería así; una sensación de saber en lo más profundo de nuestro ser que no estamos viviendo el presente como lo tendríamos que vivir y por otro lado, la idealización tremenda de la juventud, que a la larga impiden que seamos capaces de valorar el paso de los años como un agarre de experiencia o sabiduría.

-¿Cambiaron los modelos?

-Lo que pasa es que antes la gente envejecía, y lo hacía sin darse cuenta que envejecía. Mis abuelos envejecieron y nunca en su vida se fijaron en las arrugas, o me dijeron ‘me estoy poniendo viejo’. No, la vejez era parte natural del proceso de la vida y estaba como digerido. Hoy como además tenemos más expectativa de vida, aumentaron la cantidad de años, hay 30 años más para poder hablar del tema. Esto también genera otro cuestionamiento, hay otra industria de la medicina y la estética que nos vende crema antiedad todo el tiempo. Además el proceso de envejecimiento entra por distintas puertas a hombres y mujeres, a nosotras por el tema corporal y estético; a ellos por la productividad ya sea laboral o sexual. Pero desde ahí, lo que tengamos que hacer es independientemente del género, tiene que ver con la valorización de los afectos, con cuánta intención, conciencia y preparación he tenido para la vejez.

-¿Y estamos lejos de eso como sociedades?

-Argentina no está tan mal. Hay otros países que están mucho peor. Lo que pasa que ustedes tienen un conflicto muy grande, porque son un país que valora a los viejos, que les da un espacio, hasta en la televisión, pero tienen la tremenda contradicción de que son el único país del mundo hispano que está obsesionado por ser flaco, relacionado esto a la juventud, la belleza… De ahí quedan pegados en cosas que les impide valorar el paso de los años. Evidentemente uno con el paso de los años engorda. Es contradictorio el mensaje.

-¿Es fuerte el modelo publicitario y mediático de la perfección?

-Es muy fuerte el referente de belleza asociado a un esquema que cualquiera no calza, nadie calza en realidad; desde la confección de la ropa, donde las tallas son minúsculas, donde todo apunta a que hay que parecerse a ese ícono para sentirse bien.

-En este contexto, las cirugías estéticas, ¿son la panacea?

-Pero para el que tiene dinero, porque en el fondo el que tiene dinero tiene la sensación que controla el paso del tiempo, que lo frena. A través del gimnasio, la medicina ortomolecular, lo que sea. Y el que no tiene dinero, lo vive a través del abandono: da exactamente lo mismo estar gordo, tener raíces en el pelo, vestirse fea, porque total, yo ya estoy vieja y entonces estoy fuera del mercado. En ambos casos, la vejez está mal vivida porque en el fondo, cualquier estado de la vida requiere de autocuidado.

A mí me daba rabia en la investigación esto de que uno tiene que sentir que es un piropo o un elogio que le digan que representa menos que la edad que tiene. Porque si me dicen que parezco de 45 y yo voy a cumplir 50 el próximo mes, me están quitando cinco años de historia y a mí me sirve mi historia. Lo mismo pasa con abuelos que no quieren ser llamados abuelos, o cuando los cumpleaños empiezan a ser una tragedia, como si de verdad no estuviéramos contentos de estar vivos. Habla muy mal de una estructura social que no esta aprendiendo a valorar la vida.

-¿Qué pasa con esas personas de 50 que visten como de 20?

-Todas esas cosas hacen que yo retarde la sensación de que estoy llegando a una etapa a la que no quiero llegar. Se compra la moto, o tiene una pareja menor… todas esas cosas producen la idea de revitalización de la vida y los conecta más con el tema de la juventud. Puede ser sano en la medida que sea transitorio y la persona sepa por qué lo hace, cuando no hay conciencia y vamos mezclando que tienen que ver con otra edad, además pasa a ser peligroso.