Después del gran título obtenido en los premios Goya, como mejor película iberoamericana, "Relatos Salvajes", la obra cumbre de la carrera cinematográfica de Damián Szifrón, espera la última fiesta de consagración, la más importante de todas, la de los Premios Oscars 2015. El 22 de febrero será una fecha clave donde se sabrá sí logra o no obtener la estatuilla como mejor película de habla no inglesa, según el criterio de la Academia de Cine de Hollywood. Hasta esa noche, habrá ansiedad, incertidumbre y muchas expectativas, no sólo para millones de argentinos que la vieron, también en especial para el propio creador de esta "bombita" que explotó las salas de los cines del país batiendo récords de taquillas.

Hoy, Szifrón saborea las mieles del éxito por el prestigio alcanzado en el ámbito internacional y vive en carne propia la ansiedad que sufre cualquier nominado. Sus rivales serán "Ida" (Polonia), "Leviathan" (Rusia), "Tangerines" (Estonia) y "Timbuktu" (Mauritania). "No se sabe qué pasará" -dijo el cineasta- "Nuestros distribuidores aman la cinta y están tan entusiasmados como nosotros, pero cuando llegás a un grupo tan reducido de películas de todo el mundo, todas tienen posibilidades. La que gane será justo. La filosofía es estar agradecido por llegar hasta acá. Creo que más no se puede pedir", añadió.

Szifrón conoció la noticia de la nominación junto a su mujer y sus dos hijas en la playa de Pinamar, adonde quiso escapar "después de un año tremendamente intenso".

Decidió no estar pendiente de la ceremonia que tuvo lugar en el Teatro Samuel Goldwyn, porque sabía que los nervios se iban a apoderar de él. "Iba a sufrir. Venía sufriendo. Era casi una agonía", admitió. Pero también era consciente de que no podía ignorar lo que estaba sucediendo. Y la incertidumbre concluyó en el momento en que comenzaron a sonar los teléfonos.

Aunque Szifrón y los suyos estaban "en medio de la nada", aparecieron los habitantes de una casa cercana con una botella de champán. "Lo primero que hice para celebrar -explicó- fue meterme en el mar", relató a la espera de un nuevo viaje hacia Los Ángeles, ciudad donde se realizará la ceremonia de las estatuillas doradas.

Szifrón, además, reconoce que el impacto del filme le ha deparado "muchísimas propuestas de Hollywood", en forma de guiones ya escritos, ofertas para dirigir secuelas de franquicias e, incluso, la opción de desarrollar guiones propios para rodarlos en EEUU. "Es algo que me atrae. No he decidido qué haré, pero lo estoy evaluando. También me apetece escribir para directores que admiro.

Eso me llena de entusiasmo", declaró. Por ahora se limita a exprimir esta "inolvidable" experiencia: "La película demostró ser universal".

La comedia negra está formada por seis historias con un hilo común: las reacciones explosivas y extremas que cualquiera puede experimentar en un momento dado. La génesis de Relatos Salvajes se desarrolló a partir de sus propias experiencias de vida. Precisamente, también tuvo el relato más "salvaje" de su vida: "Fui a un bar con mi mujer, un restaurant, y apenas estábamos empezando a comer con una botella de vino nos querían echar porque iban a cerrar. Empezaron a echar a todas las mesas de una forma muy violenta, aplaudían, ‘Bueno, bueno, vamos, cerramos, váyanse’, una cosa increíble… Empecé a discutir, la discusión fue subiendo de tono y en última instancia yo dije que me iba a llevar la botella de vino y las copas para tomar el vino en la plaza, salieron de la cocina un mozo y un cocinero… Vi que el cocinero la agarró a mi mujer de la ropa de una forma muy brusca y como que la empujó, ¡y le pegué una trompada! Soy la persona que menos te podés imaginar que haría algo así… pero me salió del alma. En una de las trompadas se estalló la copa y se reventó en la oreja del mozo y empezó a sangrar, vino la policía… Eso no lo incluí en Relatos Salvajes, ¡pero tuve un juicio! Tuve que enseñar cine a jóvenes de bajos recursos por un año, cosa que disfruté mucho".

"Los conflictos de cada relato hablan de nosotros como especie" -sostuvo- "estamos conectados por el ADN, algo mucho más profundo que nuestra nacionalidad. El hombre contra el sistema, el abuso de la autoridad, la traición en la pareja, el deseo de venganza… Todo ello -agregó- conecta con la audiencia. Aparentemente tocó una fibra". Y en este punto se detiene a analizar el presente de una realidad social que no deja de superar a la ficción, sino que, al contrario, la nutre constantemente: "Es posible que ahora ciertos manejos del poder y la idea de que el sistema no está diseñado para nuestro beneficio, sino para el de grupos de poder muy reducidos, hoy por hoy son muy evidentes. Ya no existe esa confianza en el sistema". Szifrón, en cualquier caso, defiende su obra como un canto a la liberación del ser humano. "Uno en el fondo -concluyó- quiere hacer lo que desea sin dar explicaciones, sin sentirse culpable ni tener que pedir perdón".