Todos lo conocen como "Guillermito’, porque con solo 12 años integró el elenco de Grandes valores del tango, el programa de TV de Juan Carlos Thorry y Tito Lusiardo. Se codeó con los más grandes: Aníbal Troilo, Cátulo Castillo, Atilio Stampone, Lucio De Mare, Roberto Grela entre muchos otros. Compuso música para cine y creador del ciclo "Sarpando Tangos", por la TV Pública. Hoy a sus 54 años, es uno de los máximos exponentes de la cartelera porteña dentro del género. Junto a Luis Longhi y Federico Mizrahi, produjeron un libro y un disco llamado "El tango es puro cuento",motivo de ello, lo presentarán en la Feria de la Cultura Popular y del Libro de Rawson, este próximo jueves.
– ¿Qué te motivó a hacer tango para niños?
– Comenzamos este trabajo con la idea de hacer tangos divertidos. Un día, mi hija de 8 años me preguntó "¿Por qué no haces un tango sobre un nene que compró un helado para una nena que le gustaba mucho, pero cuando se lo entregó, el helado ya estaba derretido? "(Risas) Ella me dio la primer punta de todo esto.
– ¿Refleja también pasajes de tu propia infancia?
– Sí y la de muchos. El 70% de los chicos de la Argentina vinieron al presente porque sus abuelos y bisabuelos terminaron juntos escuchando, bailando y cantando algún tango en su juventud. En algún lugar de nuestro ADN argentino el tango está presente.
– Y ¿Cómo te agarró este género y no otro?
– Ya a los 5 años era un tanguero. Me acuerdo un gran regalo que hicieron: un Long Play de Gardel que quedé fascinado. En aquel momento no pude creer el profundo y claro sentimiento que transmitía Gardel en ese disco. Esa fue la chispa que me encendió el amor por esto. Fijate que hoy se lo escucha en todas partes del mundo, aunque las letras no la puedan entender por la el idioma, pero el mensaje musical llega al corazón igual, es algo maravilloso.
– ¿San Telmo fue una cuna tanguera para vos?
– En mi infancia San Telmo fue muy setentoso, diferente, donde la primavera económica de Onganía golpeaba muy fuerte. La Plaza Dorrego era una plaza de barrio en una época muy difícil. Ahí me crié y gané mi primer festival "Guitarreadas Crush", en la que todos hacían folklore. Como no había guitarras de mi tamaño, yo cantaba con la guitarra y mi viejo me la sostenía con la mano desde abajo. El jurado estaba integrado por Sebastián Piana y Lucio De Mare, quien tenía un bolichito que se llamaba "Malena al sur", y allí me invito a cantar con él. Fue mi primer gran maestro.
– ¿El título de "Niño Dorado’ te pesó mucho?
– En realidad no lo tomé en cuenta, porque siempre canté sin proponérmelo. Cuando subí por primera vez a los 12 a cantar en Grandes Valores del Tango, todo el país hablaba de mí, pero no era una "revelación" porque yo ya cantaba con Aníbal Troilo, Goyeneche… Me sentía parte de ese mundo, quizás no tan mediático como fue Grandes Valores, que marcaba 30 puntos de rating todas las emisiones. Eso sí, fue un fenómeno muy fuerte.
– Fuiste un privilegiado de estar con toda aquella generación…
– Totalmente. Yo ligué el último coletazo de todos ellos. A todos los grandes del tango los agarré en su etapa final, los aproveché muy bien. Incluso tuve la oportunidad de actuar en una de las últimas presentaciones del Polaco en el Casino de San Juan.
– Según tu mirada, ¿Cómo camina el género actualmente?
– El tango está caminando por una senda "under". El rock también nació así. Hay artistas alucinantes. Me doy cuenta que es cierto, musicalmente están verdes, pero tienen algo que decir y eso es muy importante.
– ¿Por eso no estás de acuerdo con que el tango es "música de viejos"?
– El tango es para todos.
– ¿Ha perdido espacio en la TV?
– Siguiendo a Cátulo Castillo, "el tango es para lo sensible", pero la TV de hoy es para la sensiblería que pega con golpe bajo. El tango mantiene sus reductos, no como el que tiene Tinelli, porque no podrá repetirse el éxito de Grandes Valores. O el de Sarpando Tangos, que lograba juntar a Calamaro con Ernesto Baffa, a Lágrima Ríos con Mollo, o hacer cantar a Kevin Johansen "Por una cabeza". Esa experiencia fue muy buena. Teniendo voluntad y ganas se pueden hacer cosas excelentes.
– Y a todo esto ¿Te gusta que sigan llamándote Guillermito?
– A mí me encanta, que te puedo decir, en ese diminutivo veo el cariño de la gente.

