"Siempre es un compromiso volver a San Juan", dice German Daffunchio, el líder de Las Pelotas, que tocará otra vez en la provincia el 10 de junio. Sin mediar representantes, atiende el teléfono y está dispuesto a la charla. Se reconoce un "tirador de pálidas" y lo admite casi con resignación. El ex Sumo, integrante de una camada histórica del rock nacional analizó el género hoy.

-¿Qué es el rock para vos?

-Al rock lo entiendo como un estado de rebelión, que nace en otras épocas, pero que la rebelión de otras épocas, pero sigue vigente. Uno puede aceptar todas las cosas como se las dan o tratar de buscar las cosas que a uno verdaderamente le parecen. Es mi actitud frente al rock. Lo que tiene que ver con el mercado, el negocio, la fama, no gasto ni un segundo en pensarlo.

-¿Contra qué te rebelás hoy?

-Tenemos tantos argumentos para rebelarnos… Salvo que uno quiera vivir en una botella como pickles, el mundo está muy jodido. No es joda que las grandes corporaciones manejan el mundo. Y por otro lado está la incógnita de todos, ¿para qué vinimos al mundo? La música es un canal de expresión alucinante.

-¿Se te cierran puertas por pensar así?

– Estamos acostumbrados a abrir las puertas a hachazos. Pero igual, ojo, uno no puede estar apartado del sistema, porque rige nuestra vida. Uno toma del sistema lo que necesita y lo que no, lo deja pasar. El problema es que cuando estás enviciado sólo querés tomar, tomar, y tomar.

-¿Hay bandas jóvenes que tienen la mística del rock?

-No creo que en este momento tengamos buenos ejemplos del rock incluso en esta generación, se ha ido todo un poquito al carajo, ni hablar de los que vienen. Ahora hay héroes que nunca lo fueron, son multimillonarios y la gente piensa que son socialistas. Como hay generaciones de músicos que se transformaron en patéticos títeres de las pastillas que toman para frenar su adicción a las drogas. Los jóvenes tienen un exceso de marketing, de consumo y esto de que si sos famoso apareces en todos los Facebook del mundo.

-O que tienen que aparecer en la pantalla de Tinelli.

-Tinelli es un caso interesante. Porque demostró que por un billete baila el mono. Me siento orgulloso, en total en mi vida, no he pasado 18 segundos viendo a Tinelli. Demuestra como estamos, si necesitamos alimentar nuestra vida con bol… que bailan, estamos mal. Hay cosas más importantes.

-¿Qué opinas de la cumbia y el reggatone?

Son violentos porque el mundo en que viven es violento. Hay contradicciones; hay cosas que hacen más a la esencia de cada uno. Pero yo no puedo negar lo que le gusta a la gente. A mí no me gusta. Hay cuarteros nefastos que mueven miles de personas. Yo me guío mucho por lo que pasa abajo del escenario también, hay que ser consecuente con tu vida.

-¿Qué te provoca este análisis?

-Me da tristeza, para serte honesto. La gente no piensa las cosas que yo pienso. La gente todavía es inocente como en los cuentos felices que todos terminan festejando. La realidad está muy lejos de eso. Es importante encontrar las cosas que te hacen bien en la vida, la realidad aplasta, la esperanza es poca, pese a que los publicistas quieran hacerte creer que va a estar todo bien.

-¿En tus shows hay lugar para el recuerdo de Alejandro Sokol? (ex integrante fallecido en 2009)

-El hecho que se haya ido de la banda unos meses antes no significa que Alejandro no esté en nuestros corazones. Fuimos amigos, la tristeza de que haya partido es indudable. No nos gusta la demagogia, podríamos hacer actos para recordarlo, como a Luca (Prodan), pero está dentro de nuestros corazones, como tantos otros y no nos hace falta mostrarlo a la gente. Más allá de que haya partido, sigue estando.