Buenos Aires, 9 de marzo.- El director y los productores se divirtieron repitiendo una y otra vez la imagen que condenaba a Oscar Mediavilla en la emisión de anoche de “Soñando por cantar, las finales”, el ciclo de Ideas del Sur que emite El Trece. Es que mientras cantaba la participante uruguaya Majo Álvarez —talentosa y bella, por cierto—, el integrante del jurado la miraba literalmente boquiabierto. Rápida de reflejos para el show, Patricia Sosa, pareja de Mediavilla y también miembro del jurado, no se ahorró la escena de celos. Una escena que cuanto más repetían el rostro embelesado de Oscar, más justificada parecía. Alejandro Lerner también quedó fascinado con la muchacha. A la hora de dar la devolución, Mediavilla se hizo cargo de lo innegable: “Nos enamoramos los dos. Hiciste todo bien”, le dijo a Majo, y aclaró que se notaba que es una cantante profesional. En ese punto, Patricia Sosa dejó de lado el humor y destacó que el hecho de que fuera profesional no le restaba méritos al desempeño la joven uruguaya. “Ser profesional no significa nada. Hay profesionales que son muy malos”, sentenció.
Ser profesional y lograr excelencia en la tarea que cada uno realiza. Coincido con Patricia Sosa: una cosa no es garantía de la otra. ¿Qué se entiende por profesional? Generalmente, alguien que ejerce su oficio de un modo rentado. No importa el rubro del que se trate, todos conocemos gente que lleva una vida ganándose el pan con determinada actividad, pero que jamás ha sido buena en lo que hace. O que siempre se ha mantenido dentro de los confines de la mediocridad, ese piso debajo del cual ya está la ineficiencia. Incluso en los trabajos cuya naturaleza reclama a gritos la creatividad — por caso, las artes, las ciencias o las letras—, hay profesionales que funcionan como discretos burócratas. A veces, es por pereza propia. Otras, fruto de un sistema que a fuerza de entronizar las exigencias burocráticas termina por desalentar hasta al más entusiasta. Y claro, cuando un profesional es o se convierte en alguien que solamente cumple en tiempo y forma, marca tarjeta religiosamente y resuelve las tareas de un modo apenas digno, coincido con Patricia Sosa: ser profesional no es sinónimo de ser virtuoso; y ni siquiera de ser bueno.
Ante los halagos del jurado, Majo explicó, tímidamente, que integra un grupo de reggaeton que tiene aún mucho camino por andar. Mediavilla le sugirió entonces que no perdiera nunca su humildad. Ojalá pueda conservarla, porque la humildad es también una virtud que diferencia a los profesionales buenos de los malos o mediocres. Los primeros, en la búsqueda de la excelencia, saben que siempre queda más por aprender. Los otros ponen la vara de la calidad tan baja que no precisan ni estirar un dedo para alcanzarla.
