Tras el estreno del Teatro del Bicentenario con la cantata Carmina Burana a cargo del grupo catalán La Fura dels Baus -junto a artistas sanjuaninos de la Sinfónica de la UNSJ y los coros Villicum, Universitario de la UNSJ, de la Universidad Católica y Arturo Beruti- el fin de semana pasado, comenzó a tomar cuerpo una polémica sobre los supuestos contenidos y montaje ‘satánicos’ de la obra, que dividió aguas en la provincia. La discusión, que quedó plasmada en las redes sociales, engordó luego que trascendiera que un músico de la Orquesta Sinfónica de la UNSJ decidió retirarse tras la primera función ante el público, por ir ésta en contra de sus principios religiosos. Tanto en los textos que circulan por Facebook como en Whatsapp, que se viralizaron rápidamente (y que en el ambiente relacionan con el músico en cuestión, con quien este medio intentó comunicarse reiteradas veces en vano) se habla de la creación de Carl Orff y también de la puesta de los catalanes, atándola a conceptos como ‘satánico’, ‘anticristiano’, ‘ofensivo’. A modo de coletazo inevitable, tanto por lo que se le endilga a la pieza como por lo que causó su representación en un sector, es que algunos cuestionan la elección de Carmina Burana para la apertura del teatro.

‘Son poemas que realzan los placeres terrenales, mejor dicho los pecados capitales, con una crítica satírica a los estamentos sociales y eclesiásticos. Y si a esto le agregamos la compañía catalana La Fura dels Baus, autodefinida en su página web como excéntrica y transgresora, quienes se enorgullecen de poder unir y adaptar carnalidad y misticismo, grosería y sofisticación, primitivismo y tecnología, da como resultado lo que presenciamos esta noche, que según mi formación y creencias religiosas fue un rito satánico, una consagración de una obra pública al demonio y una grave ofensa a Dios’, reza uno de los escritos. En sintonía, otra cadena habla de ‘un musical con una clara tendencia anticristiana, donde elementos extraídos del culto satánico son propuestos dentro del despliegue visual y teatral’.

En medio de la polvareda levantada, que tiene adeptos de uno y de otro lado, DIARIO DE CUYO entrevistó a Carlus Padrizza, miembro fundador y director escénico de La Fura, quien ya ha tenido repercusiones similares en otros rincones del mundo.

‘Estoy enterado de la carta del músico que decía que no podía tocar por sus creencias. Nosotros tenemos el máximo respeto. Nos parece bien. Ya nos pasó que hubo gente que nos dijo que por su religión no podía trabajar con un proyecto. Me acuerdo que en los ’80 tuvimos manifestaciones con la producción de SUZ porque criticaban los símbolos nazis, pero esa era la temática de la pieza; o en Estados Unidos, cuando un colaborador consideró que había mucho erotismo en otro de nuestros espectáculo y no participó’, dijo en torno a la controversia suscitada. Y dejó en claro: ‘Si hay alguien a quien no le gusta o no quiere participar, pues no hay problema. Lo aceptamos. Preferimos que nadie haga algo en contra de su voluntad’. ‘¿Si nos consideramos un grupo satánico? No. Pusimos símbolos del zodíaco, pero no cruces ni nada que la gente no pueda ver. A lo mejor, en Londres pusimos una serie de cruces en el escenario pero no somos para nada satánicos. Somos seis personas y cada uno tiene sus ideas. Yo respeto la fe de mis mayores como dice la canción de Serrat, por eso no queremos entrar en ese juego’, se explayó Padrizza.

Respecto de las acusaciones de denigrar a la mujer (NdeR: algunas escenas resaltan la sensualidad y el erotismo, protagonizadas por actrices, aparentemente desnudas, ya que usan mallas color piel), comentó que ‘tiramos hacia el lado femenino, en base a los textos. Hay una mujer que se pinta los labios y dice ‘ahora, yo me iré con quien quiera’. Después de tantos años al revés, era hora que tomara el mando. Hacemos el ritual de iniciación de una niña que se convierte en un mujer, que toma soberanía y decisión de su cuerpo, que se pregunta ‘¿me entrego al yugo del amor o no?’ y decide ella lanzarse’, respondió en defensa del tratamiento estético del rol femenino, según dijo, un ‘homenaje’ al género.

Para Carlus, en definitiva, todo depende del cristal con que se mire. El español sostuvo que el grupo de monjes que aparece en escena celebra y se emborracha, sin renunciar a lo suyo, como en la composición original. Aunque este aficionado a los rituales arcaicos reconoció que, tal vez, pudo haber sido detonante del debate. ‘Hay un símbolo que dicen que es nazi y es de miles de años antes, pero si uno quiere ver el diablo, lo verá’, agregó poniendo énfasis en que sus espectáculos ponen ritmo en ‘el impulso vital’ pero ‘nada de seguir al diablo ni esas cosas’.