‘Es un mundo definitivo, bailar y vivir…’, escribió en una de sus poesías (apenas otra pasión artística que atravesó su vida) Violeta Pérez Lobos, la gran bailarina y maestra de la danza contemporánea de San Juan, quien luego de honrar ambas, la vida y la danza, falleció ayer por la siesta a los 75 años, como producto de una neumonitis, tal como informó en su Facebook su esposo y compañero, Fernando Colqui. ‘La bailarina del pueblo’, la maestra que creía que todos pueden bailar, la coreógrafa vanguardista (cómo olvidar el Requiem de Mozart, La consagración de la primavera y María de Buenos Aires, por citar sólo tres de sus producciones), la amiga de brazos abiertos cerró sus ojos luego de una larga enfermedad que poco a poco fue robándole su cuerpo, sofocando su eterna juventud, su picardía, su espontaneidad, sus fuerzas, su rebeldía… pero a la que no le fue fácil la batalla. Claro que no, al fin de cuentas no era fácil meterse con este huracán rojo de pasión. Pasión que transmitió desde arriba de los escenarios -muchos años junto a su gran compañero Juan Carlos Abraham- y también en el salón de clases del Estudio Coreográfico Argentino, que juntos fundaron oficialmente en 1976, el templo al que fue religiosamente -aunque fuera sólo para mirar y admirar a sus bailarinas- hasta que no pudo más; y que finalmente cerró sus puertas en mayo del año pasado, poco antes de su cumpleaños. Pasión que emana cada fotografía suya que escapa de un libro o un marco. Pasión que puso en sus dibujos y en sus escritos (publicó dos libros, ‘Cantar de mis emociones’, que le dedicó a su madre, quien la alentó a escribir, y que fue llevado a la danza; y ‘Patriarcas ocultos de nuestra tierra’, donde rindió homenaje a sus colegas artistas), que quedarán ahí, como otros pedacitos tangibles de su alma, como disparadores de recuerdos -tantos-, de anécdotas y también de sonrisas.

‘Yo me siento muy respetada por mis colegas, y las quiero mucho. Sé que la gente me quiere mucho, tengo varios homenajes, que son mimos, pero no me la creo’, reveló hace algunos años a DIARIO DE CUYO, en una larga charla donde también confesó que ‘después de mucho tiempo me he visto bailar… He tenido que verme bailar en un video ahora para darme cuenta lo que he sido. Recién ahora me estoy reconociendo. Y me siento feliz’.

Te despedimos aplaudiendo de pie. ¡Baila, Maestra, baila! El cielo no tiene límites.