Lo habían condenado a la inyección letal por asesinar a sus dos pequeñas hijas, sin embargo, John David Battaglia, de 62 años, jamás se mostró conmovido. Al contrario, lució sonriente, desafiante  y sarcástico.

 

Luego de que la Corte de Justicia de Texas le negara un último intento por suspender su sentencia de muerte, Battaglia no pidió perdón. Altanero, se sentó a esperar que le dieran la dosis que terminaría con su vida.

 

Con su exesposa, Mary Jean Pearle de testigo, el hombre dijo un seco “No” cuando le consultaron si quería decir unas últimas palabras. Pero inmediatamente después, se arrepintió. “Bueno… hola, Mary Jean. Te veré luego. Adiós”.

 

Luego agregaría, al dirigirse a los verdugos: “Procedan, por favor”. Después se recostó. Cerró los ojos mientras los médicos le suministraban el pentobarbital. Al cabo de unos minutos, abrió nuevamente los ojos y preguntó: “¿Estoy todavía vivo?”. Pero fueron unos breves instantes: “Oh… puedo sentirlo”. Pocos minutos después, falleció.

 

 

Battaglia fue condenado luego de haber asesinado a sus dos hijas de 9 y 6 años en mayo de 2001. Fue durante una violenta discusión telefónica que mantuvo con Pearle. Ella lo había denunciado por haber violado la libertad condicional que gozaba.

 

“Feliz Navidad”, le dijo a su ex que estaba escuchando las súplicas de sus hijas por teléfono. Ni bien terminó la frase, les disparó.