A consecuencia de la mala situación económica y financiera y la derivada por la pandemia del coronavirus, además de algunas políticas oficiales desacertadas en materia laboral, social y económica, la Argentina afronta una crisis con incidencia directa en la cultura del trabajo. Debido a ello la fuerza laboral del país está experimentando un deterioro que afecta el funcionamiento de las empresas y de los organismos privados y públicos, autónomos y autárquicos, con incidencia en la economía nacional.
Pero el problema no es sólo estructural y macroeconómico sino que se refleja en todo el aparato productivo, en cada una de las provincias y hasta en el seno familiar donde la falta de vocación laboral o entusiasmo por participar en los procesos de producción ha dado paso a una quietud o falta de motivación que, por momentos, llama la atención. Esto se ve reflejado, por ejemplo, en las solicitudes de licencia que los empleados de todos los sectores han venido tramitando desde hace un tiempo a esta parte, o en las distintas instancias para no concurrir al trabajo que se abrieron desde que comenzó la pandemia del covid-19, con la cuarentena, la contemplación de los mayores de 60 años y los regímenes de trabajo que exceptuaban a muchos de no concurrir al sitio laboral. Esto hizo que una gran cantidad de trabajadores no prestaran sus servicios afectando directamente a sus empresas o reparticiones.
Es por esto que la recuperación de la cultura del trabajo surge como una necesidad imperiosa de restablecer la fuerza productiva de la nación. Pero para alcanzar este objetivo hay que solucionar previamente una serie de aspectos en los que el Gobierno deberá trabajar más puntualmente ya que hay problemáticas concatenadas que deben abordarse en forma integral. La reincorporación paulatina de la fuerza laboral al sistema de producción debe ser una meta urgente ya que la mayoría de las empresas, como la fábrica de vidrio Cattorini o la automotriz Toyota, o las actividades agrícolas están demandando cada vez mayor cantidad de mano de obra. A Toyota, por ejemplo, le cuesta encontrar 200 obreros con secundario completo y eso se debe a una falla del sistema educativo argentino.
Lo que hay que asegurar es que el programa nacional de vacunación contra el covid-19 se agilice, pudiendo establecerse la posibilidad de que las empresas exijan como requisito la obligatoriedad de que los empleados estén vacunados, para minimizar riesgos.
Según el INDEC los asalariados formales del ámbito privado son menos que los que había hace diez años, o sea que los desocupados han aumentado y las inversiones han disminuido.
Hay una corriente que sostiene que la cultura del trabajo nace y se construye en el seno familiar, pero también debe promoverse desde distintos sectores entendiendo que la dignidad que otorga el trabajo no puede ser reemplazada por ningún otro ingreso que se le parezca.
