La Cámara de Diputados del Congreso de la Nación debatió durante tres días la denominada Ley Ómnibus, también conocida como ‘Ley Bases y Puntos de Partida para la Libertad de los Argentinos”, logrando este viernes finalmente aprobarla en general en medio de un debate, que se definió por 144 votos a favor y 109 en contra, en el que quedó demostrado el antagonismo político persistente en el país, tanto adentro como afuera del recinto, y las dificultades que esto genera al momento de visualizar las soluciones que convienen a la Nación.
Durante el tratamiento de la ley dispuesta por el plenario de comisiones de la Cámara Baja se pudieron escuchar los más diversos argumentos, algunos un poco más fundamentados que otros, pero todos recurriendo a la intensión de obtener un rédito político más allá de aportar elementos para un debate serio y constructivo. Las barras y los aplausos, como si se tratara de un acto proselitista en la vía pública, estuvieron a la orden del día durante las tres jornadas, ante la imposibilidad de la presidencia de la Cámara, en varias ocasiones, de controlar los desbordes gesticulares y verbales que provenían de los mismos diputados o de la gente que había sido autorizada para que permanezcan en las gradas del Congreso. Afuera de este edificio, también imperaba el desorden con manifestantes embanderados e identificados con distintos espacios políticos, principalmente de la Izquierda, que no demoraron en ser objeto del accionar de las fuerzas de seguridad nacional que tuvieron que poner orden evitando desbordes, para muchos actuando correctamente ante el patoterismo y los excesos protagonizados por estos grupos opositores.
Queda claro que el tratamiento de una ley tan importante para los destinos de la Nación demostró improvisación y precariedad. Idas y venidas con los dictámenes; agresiones verbales de bloque a bloque y cuando no de diputado a diputado; cuartos intermedios sucesivos y discursos con falta de fundamentos, limitados a hacer propaganda política como si estuviéramos en plena campaña electoral. El tenor de estos discursos hizo que varios pasajes del debate perdieran interés a tal punto que la ciudadanía, por momentos, dejó de seguirlo por radio o televisión.
En el inicio de un nuevo período legislativo -aunque se tratara de una sesión especial- es vergonzoso que se haya debutado de esta forma, desprolija y desordenada. Ahora queda el tratamiento en particular a partir del martes en el que se espera que haya mayor sensatez al analizar cada parte de la ley.
Estamos ante la instancia de definir un nuevo país con herramientas nuevas propuestas por la nueva administración del Gobierno Nacional. Debatir mirando el pasado, como hace la oposición, no aporta nada positivo. Hay que mirar hacia adelante y proponer las mejoras que está necesitando el país. Ese es el nivel de debate que está haciendo falta y que no se ha visto en esta ocasión.
