Se podrán argumentar numerosos motivos para intentar justificar la erradicación de varios ejemplares de una arboleda emblemática, como es la que contornea las calles de la pintoresca localidad de Rodeo, en el departamento Iglesia, pero ninguno de ellos será lo suficientemente contundente para revertir el juicio generalizado de que se ha tratado de un hecho aberrante contra uno de los principales patrimonio con que cuenta este lugar. La tala de decenas de árboles que se perpetró en los últimos días de la semana pasada ha constituido una muestra de abuso por parte de las autoridades municipales que utilizando un despliegue inusual, con una numerosa cuadrilla de obreros, motosierras, retroexcavadoras y camiones, llevaron a cabo el objetivo de diezmar la arboleda de la zona, en una acción en la que nunca se tuvo en cuenta el daño ocasionado, o si se lo tuvo prevaleció algún otro objetivo o interés por parte de quienes lo concretaron.

Iglesia, y particularmente Rodeo, por su condición de localidad cordillerana, próxima al Dique Cuesta del Viento y algunos otros atractivos como las termas de Pismanta, es uno de los sitios turísticos por excelencia de la provincia, visitado cada año por miles de turistas que llegan hasta este valle para deleitarse con la belleza de sus paisajes, la mayoría de ellos enmarcados por hermosas arboledas, las mismas que en esta ocasión han sido víctima de la depredación humana.

Como bien lo ha señalado el presidente de ACCODEPAS (Asociación Civil para la Conservación y Defensa del Patrimonio Sanjuanino), arquitecto Jorge Cocinero, en la provincia ya hemos tenido otros episodios similares, algunos de los cuales han quedado impune por complicidad de los organismos que tienen a su cargo el cuidado del medio ambiente y el control para que estos hechos no se sucedan deliberadamente. El caso de la erradicación de árboles de calle Mendoza al Sur de Calle 11, en Pocito o el de la calle Las Moras en el departamento Zonda son dos de los tantos ejemplos de talas masivas de árboles que dejaron panoramas desoladores.

En San Juan todos conocemos lo que un árbol representa y lo que cuesta su crecimiento, por ello su tala o erradicación no debe estar contemplada bajo ningún aspecto. Es inadmisible que ante la posibilidad de realizar alguna obra pública lo primero que se considere es la erradicación de árboles, cuando hay una tendencia urbanística mundial que prioriza la existencia de estos ejemplares por sobre cualquier construcción ya sea pública o privada.

Lo ocurrido en Rodeo es una muestra del poco valor que algunos funcionarios le dan a los árboles o del provecho que pretenden sacarle, dejando de lado el compromiso de velar por su preservación.