Si hay algo que el ciudadano común está advirtiendo en este proceso electoral, que culminará en octubre próximo con la elección de las máximas autoridades de la Nación, es que las fuerzas políticas que están participando con alguna posibilidad de llegar a la presidencia no están siendo claras con sus propuestas y han focalizado sus objetivos en desacreditar al oponente como única estrategia de campaña. De todas formas, entre esas fuerzas hay una que ha marcado cierta diferencia al exponer medidas que necesita el país para abordar los problemas más acuciantes.

Las soluciones que la gente quiere escuchar referidas a cómo van a hacer para bajar el tan elevado índice de inflación, que anualmente está ya en el orden de las tres cifras, con un 118%; mejorar el nivel adquisitivo de la población; elevar el nivel de producción del país; mejorar la educación en todos los niveles de enseñanza; asegurar el acceso a la salud; promover una mayor seguridad; disminuir el gasto de los estados provinciales y nacional; y mejorar la legislación laboral y fiscal, en síntesis mejorar la calidad de vida de los argentinos, no alcanzan a dimensionarse y son reemplazadas por slogans de campaña con las que se busca agraviar a los contrincantes.

Más allá de que todos los candidatos hablan de sus equipos técnicos y del trabajo en la elaboración de propuestas macroeconómicas, los planes para mejorar la vida diaria no aparecen y es como que cada fuerza política no quiere revelar qué va a hacer por temor a que su oponente desacredite sus ideas.

Todos sabemos que después del 10 de diciembre, cualquiera sea el resultado de las elecciones, la Argentina tendrá un gobierno que deberá implementar un nuevo rumbo para salir de la actual encrucijada política, social y económica en la que se encuentra. Y para eso hacen falta propuestas claras y contundentes.

Hemos mencionado que de las tres fuerzas políticas con posibilidades sólo una ha dado claras señales de lo que pretende hacer y es la que se ha llevado hasta ahora la preferencia de los votantes. Con este lineamiento las otras dos fuerzas deberían estar considerando un programa de gobierno concreto, con medidas posibles de implementar, aunque evitando ser más de lo mismo para que la gente las tenga en cuenta.

El electorado está esperando un mensaje claro, sin tecnicismos, que aliente la cultura del trabajo, combata la corrupción y genere en los argentinos la conciencia de que hay que hacer las cosas bien, con honestidad y sensatez para forjar la nación que todos anhelamos; con políticos que demuestren sacrificio y vocación patriótica, con hechos y acciones y no sólo con discursos.

Tanto los candidatos como las fuerzas políticas que estarán a consideración el próximo 22 de octubre deben ponerse a la altura de las circunstancias. No caben las improvisaciones, y las medidas que se propongan deben estar debidamente probadas en cuanto a su eficacia. El recambio de gobierno es, en esta ocasión, un asunto muy serio del que dependerá que el país salga a flote o termine hundiéndose en una crisis terminal.