Tras una campaña electoral que se caracterizó por la falta de propuestas que estuvieran a la altura de las circunstancias, para que el país pueda salir de la crisis política, social y económica en la que se encuentra inmerso, la ciudadanía concurrirá a votar por un nuevo presidente para los próximos cuatro años -como también senadores y diputados nacionales-, dentro de un panorama que no es el ideal ya que, más allá del partidismo que pueda existir por una u otra fuerza política, persisten muchas dudas sobre qué es lo que más le conviene a la Nación respecto de los lineamientos que ofrecen los candidatos.
Lo que la gente ha percibido en este período preelectoral, que abarcó poco menos de dos meses, es una total falta de propuestas de gobierno claras y contundentes sobre los numerosos problemas que afectan al país. La mayor discusión se ha dado en torno a la economía con posiciones encontradas, expresadas, en algunos casos, con mucha agresividad, lo que no contribuye con el clima de serenidad y calma que debería prevalecer para reflexionar sobre las soluciones que hacen falta. Otros temas de fondo como la educación, la pobreza y la salud han sido simples enunciados, sin que se haya profundizado lo suficiente como para ir forjando las bases sólidas que el país necesita para el crecimiento que todos anhelamos.
Ninguno de los candidatos de las cinco fuerzas que aspiran a ocupar el Sillón de Rivadavia, a partir del 10 de diciembre próximo, se preocupó por llegar a su gente y al público en general con las plataformas que condensan sus propuestas de gobierno. En base a una propaganda que los ha mostrado como personajes caricaturescos, muy lejos de la investidura presidencial que tendrían que haber exhibido, se ha conseguido que la gente los considere poco serios y que ahora tenga que optar entre "el menos malo" para decidir quién estará encargado de conducir el país. La falta de seriedad de los candidatos al exponer sus ideas ha confundido a la gente, generando un estado de ansiedad y desencanto en la política y una generalizada sensación de falta de respeto.
Es necesario que en el tiempo que queda antes de la asunción del nuevo presidente, ya sea que haya un ganador en primera vuelta o se tenga que recurrir al balotaje el próximo 19 de noviembre, el futuro primer mandatario recomponga la imagen llevando al pueblo un poco más de tranquilidad y certeza de que quien está al frente del país sabrá conducirlo en forma digna y de la manera más correcta posible.
Existe la esperanza de que quien resulte elegido por el voto popular, más allá de los partidismos y preferencias, contará, en este crucial momento, con el apoyo de todos los sectores de la vida nacional, ya que como se ha dicho en varias ocasiones en relación a la mala situación del país, de esta crisis se sale mediante un gran acuerdo nacional y el cumplimiento de las premisas "nadie se salva solo" o "a la Argentina la salvamos entre todos o no la salva nadie".
