Cada vez que creemos que la ciudad de Rosario, en provincia de Santa Fe, va camino a reestablecer su orden, alterado por el narcotráfico y la violencia que ejercen los sicarios, nos encontramos con hechos como los acontecidos la semana pasada en que hubo tres asesinatos en menos de tres horas. Es decir que la violencia continúa con el acostumbrado temor de que esta ciudad se convierta en caldo de cultivo de un fenómeno, que de no ser controlado en breve, puede hacerse extensivo a otras capitales del país, incluidas provincias consideradas de paso para el tráfico de drogas.

El año pasado, en esta ciudad hubo 287 homicidios por lo que se convirtió en el lugar de la Argentina donde más gente fue asesinada, según el Observatorio de Seguridad Pública. En lo que va del año ya hubo 163 homicidios y es como que los organismos de seguridad y las autoridades provinciales no pueden hacer nada para impedir esta guerra urbana que ha convertido a Rosario en una ciudad insegura, en la que el narcomenudeo es moneda corriente y en la que la población ha tenido que acostumbrarse a moverse con ciertos códigos para evitar la confrontación con los narcos.

Lo que hay que evitar es que la actividad del narcotráfico se siga consolidando y que se extienda por todo el país, convirtiendo a la Argentina en un centro de consumo y distribución, ante la abúlica mirada del estado provincial y nacional que no toman medidas concretas para solucionar este problema social.

Para dimensionar la gravedad de la situación se puede decir que la bella ciudad de Rosario, donde se encuentra el monumento a la Bandera, que es visitado a diario por miles de turistas, es una de las más grandes del país en relación a su población con casi 1.400.000 habitantes. Lo malo es que también ostenta la tasa de homicidios más alta con 22 muertos cada 100.000 habitantes. De los 287 homicidios que hubo el año pasado solo cuatro se produjeron en enfrentamientos de los narcos con la policía. Del resto, un 70% se produjo por disputas territoriales de organizaciones que se dedican a vender droga y por la denominada industria del sicariato.

La crisis de inseguridad por la que atraviesa Rosario ya se ha cobrado varios ministros de Seguridad de la provincia y ahora ha permitido a Juntos por el Cambio imponerse en las PASO al Frente de Todos, actual oficialismo provincial. También se considera que solo la colaboración entre la justicia provincial con la federal puede contribuir encarcelar a delincuentes. El problema es que a pesar de que ya se ha actuado en ese sentido no se ha logrado hasta ahora una disminución del delito.

Un aspecto a tener en cuenta es que el mercado ilegal de drogas se da en una economía informal en la que se facilita el lavado de dinero con fondos que provienen de una economía pujante impulsada por la agricultura, la ganadería y negocios asociados, como es la que hay en Santa Fe.