Más allá de la importancia que se le confiere a la economía y a otras áreas vinculadas con el funcionamiento del país, hay dos factores que hay que tener muy en cuenta porque de ellos depende que la nación pueda desarrollarse con bases auténticas y sólidas, proyectándose hacia el futuro. Uno de ellos es el nivel de corrupción que existe actualmente en distintos ámbitos de la vida nacional, y que las nuevas autoridades que asuman a partir de diciembre próximo deberán abocarse a combatirla por ser uno de los peores flagelos que afectan las estructuras más profundas de la nación. El otro factor es el de la capacidad que debe tener todo dirigente o funcionario de gobierno que asuma alguna función, ya que de esto dependerá el correcto desempeño de todos los organismos del Estado, en el aporte de soluciones a los problemas que tiene el país.
De acuerdo al Índice de Percepción de la Corrupción 2022, que anualmente publica la Organización para la transparencia Internacional, la Argentina ocupa el lugar 38, entre los 100 países con mayor índice de corrupción (esto medido en un orden ascendente en el que el 0 denota altos niveles de corrupción y 100 equivale a una percepción de muy bajos niveles de corrupción). La ubicación de la Argentina demuestra que el mal de la corrupción sigue vigente y que de no combatirlo definitivamente seguirá siendo uno de los factores que hacen posible el beneficio de unos pocos en detrimento del resto de la población.
La corrupción política está vinculada a los actos deshonestos o delictivos cometidos por funcionarios y autoridades públicas que abusan de su poder para hacer un mal uso intencional de los recursos financieros y humanos a los que tienen acceso, anticipando sus intereses personales o los de sus allegados.
Si bien este tipo de corrupción es la más usual y la que más daño ocasiona por su amplia repercusión, este fenómeno también se da en otros ámbitos de la vida nacional, incluyendo el sector privado. En definitiva la corrupción es un mal tan enquistado en todos los sectores de la sociedad que hace falta una acción de gobierno que se dedique a combatirla hasta extinguirla con una gran dosis de enseñanza moral y un sentir más patriótico.
Respecto de la capacidad de las personas que tendrán la oportunidad de pertenecer a un nuevo gobierno nacional, no cabe duda de que se tendría que convocar a las más destacadas personalidades en cada uno de los estamentos. Con gente debidamente capacitada, que pueda demostrar solvencia en cada una de las áreas en las que puedan ser designados, se podrá contar con un gobierno de excelencia capaz de afrontar los más difíciles desafíos.
No se puede gobernar con eficiencia colocando en puestos claves a figuras que correspondan a compromisos políticos, familiares o amigos. Esta vez, nos estamos jugando nuestro destino, habría que hacer que la corrupción desapareciera y que coloquemos a nuestros mejores ciudadanos en la difícil tarea de recomponer el país y ponerlo en marcha.
