Se ha repetido hasta el cansancio que la provincia de San Juan afronta una de las sequías más grandes de su historia, y en ese sentido es que se iniciaron acciones tendientes a minimizar los efectos de la escasez de agua. Para ello se implementaron medidas prácticas vinculadas al uso y aprovechamiento que se le da al agua, tanto para el consumo humano como para el riego de cultivos, y se comenzaron a utilizar recursos técnicos destinados a conocer fehacientemente los caudales que se disponen como también las reservas, y las perspectivas que existen para el futuro. Pero el sentido común indica que todos lo que se ha actuado en los últimos años, particularmente desde la conformación de la Mesa del Agua; la promulgación de la Ley de Emergencia Hídrica, en noviembre del año pasado, y la tecnificación del riego (riego por goteo) promovida desde los sectores oficiales para ser implementada por los productores, no es suficiente y que el tiempo transcurre ante un cuadro que cada vez se agrava más, sin soluciones concretas.
Hay que evitar que ocurra lo de Uruguay donde por falta de obras hidráulicas ahora afrontan una de las crisis hídricas más graves de su historia, al estar a punto de quedarse sin agua potable, a pesar de las medidas de emergencia implementadas que no saben hasta cuándo van a poder sostener.
La incertidumbre climática que puede derivar en épocas de mayores o menores lluvias o precipitaciones níveas, según se trate del fenómeno atmosférico de El Niño o La Niña, es causal de inundaciones o sequías. Lo que se está viviendo en nuestra provincia, una sequía extrema, es un fenómeno para el que hay que estar preparado con medidas, estudios y soluciones que puedan ser implementadas de inmediato.
En nuestra provincia, la demora en el estudio de los acuíferos, para conocer a ciencia cierta con que agua se dispone en las distintas cuencas del subsuelo, posterga la posibilidad de realizar algunas obras que podrían ser de fundamental importancia para asegurar el riego y la provisión de agua en la zona cultivable. También para asegurar la provisión a las plantas potabilizadoras y así evitar que haya poblaciones que se queden sin agua para consumo humano.
Más allá del acuífero del Valle de Tulum, que es el más grande de la provincia, hay otros importantes como los que están cerca de Pedernal (El Acequión, Bochongo y Valdivia Ramblón) que técnicos del INA-CRAS (Instituto Nacional del Agua y el Centro Regional de Aguas Subterráneas) estiman que contienen agua de buena calidad y en cantidades suficientes. De todas manera todavía no se han completado los estudios correspondientes, los que deberían agilizarse para contar con esa información, que es vital, a la brevedad. Con ese tipo de datos se puede comenzar a idear obras trascendentales como un acueducto u otros medios para encausar el agua hacia zonas de la provincia donde está haciendo falta con mayor urgencia.
