Sorpresivamente el gobierno del presidente Donald Trump anunció que Estados Unidos se retirará del Tratado de Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio (INF por sus siglas en inglés) firmado en 1987 con la ex Unión Soviética, luego de la Guerra Fría, y el mundo se ha puesto en alerta porque la mirada ahora está puesta en la reacción de Rusia. Si bien la intempestiva decisión de Washington es por 180 días, todo dependerá de Moscú para que este plazo no se transforme en permanente.
El gran riesgo que implica para la humanidad el reto norteamericano, no sólo para Rusia sino para China y otras potencias nucleares, es que cualquier imponderable podría desatar una carrera armamentista al desempolvar los arsenales atómicos y desarrollar artefactos tremendamente más poderosos de los que llevaron a la firma del INF por los presidentes Ronald Reagan y Mijail Gorbachov hace más de tres décadas.
Se cae ahora un acuerdo histórico, ya que por primera vez las superpotencias aceptaron reducir sus arsenales nucleares, eliminar toda una categoría de armas de destrucción masiva y permitir profundas inspecciones por parte de la Asociación de Control de Armas, un organismo creado al efecto. Como resultado de este entendimiento, se destruyeron 2.692 misiles de corto y mediano alcance, entre fines de 1980 y 1991. Sin embargo, desde hace hace 5 años la Casa Blanca viene acusando a Rusia de violar el pacto por haber creado un nuevo misil denominado 9M729, aunque Vladimir Putin lo niegue.
Trump afirmó que la polémica decisión se debe a la reiterada violación rusa del Tratado, actuando con impunidad para desarrollar y desplegar secretamente un sistema de misiles crucero prohibidos fehacientemente por el documento y constituir una amenaza para los aliados y las tropas estadounidenses en el extranjero.
La estrategia de EEUU ha puesto el problema en manos de Putin y si en los próximos seis meses Rusia no destruye sus misiles, lanzaderas y equipos asociados, el proceso norteamericano de retirada será definitivo. Para tener una idea de la magnitud de este poderío, la URSS fue la primera en destruir los misiles crucero, nucleares y convencionales, y sus lanzaderas con alcance entre 500 y 5500 kilómetros. Es de imaginar cuanto avanzó desde entonces la tecnología en alcance y poder destructivo.
Putin no se quedó callado y advirtió que una retirada de EEUU del tratado desencadenaría una carrera armamentista atómica, porque empezará a desarrollar misiles prohibidos y Moscú hará lo mismo.
En este enfrentamiento hay espectadores de peso muy atentos y decididos para seguir de cerca los acontecimientos: China, Corea del Norte, India, Irán y otros países con capacidad para destronar a los dueños del poderío nuclear que puede arrasar al planeta.
