Tras el anuncio de inicio de actividades y de reactivación de importantes proyectos mineros en los departamentos cordilleranos de Calingasta e Iglesia, se ha presentado un problema con la capacidad de alojamiento disponible en esas jurisdicciones tradicionalmente turísticas. En los últimos meses las empresas mineras que ya están trabajando en la zona han ocupado el 40% de las camas disponibles y se espera que en los próximos meses ese porcentaje se incremente considerablemente dada la necesidad de contar con un mayor número de operarios en las inmediaciones de las minas.

El problema acontece con los turistas que los fines de semana o durante períodos de vacaciones eligen como destino algunos de estos departamentos ocupando en promedio el 90% de las disponibilidades de hospedaje y ahora se encuentran con que están ocupadas, al haber sido reservadas por las distintas empresas mineras para su personal técnico-profesional.

Por ejemplo, en Calingasta se dispone en total de 1.200 camas entre hoteles, cabañas y posadas de las cuales en los últimos días había 480 que estaban reservadas por empresas mineras, una cifra que en los próximos meses se espera que aumente en la medida en que los proyectos mineros de Pachón, Azules y Altar requieran más mano de obra.

Si bien el tema del hospedaje surge en un primer momento como un negocio redondo por su rentabilidad, muchos de los concesionarios y propietarios han señalado que no están en condiciones ni tienen previsto ampliar sus instalaciones. Esto provoca que de ahora en adelante la preocupación por este fenómeno pase por las autoridades municipales y provinciales vinculadas al área de turismo que necesitan, en cierta forma, garantizar que esa actividad continúe desarrollándose en beneficio de las comunidades de esos lugares.

Ante este panorama se impone la necesidad de elaborar un plan tendiente a incentivar a los particulares, en forma conveniente, para que inviertan en nuevos emprendimientos que contemplen ambas actividades sin que una afecte a la otra.

Así como es necesario crear buenas condiciones para el desarrollo minero, el turismo de la zona cordillerana debe seguir siendo promovido con el convencimiento de que también se trata de una fuente de ingresos que beneficia en gran medida a las comunidades de los distintos distritos favorecidos por sus bellezas naturales y por algunos atractivos que convocan a mucha gente.

Para atraer capitales e inversiones se deberán ofrecerse condiciones especiales que vayan más allá de un simple descuento de contribuciones municipales y se conviertan en una auténtica política de promoción que sirva de incentivo para promover proyectos que, como se conoce, implican grandes erogaciones.

Conjugar el crecimiento minero con el turístico requerirá no sólo construir más hospedaje sino mejorar la red de servicios en todos sus aspectos, como en la provisión de alimentos, lugares para comer, servicios de salud, seguridad y lugares de entretenimientos.