Como en todas las actividades socioeconómicas frenadas por la pandemia de coronavirus, el narcotráfico tuvo su impacto negativo y los cárteles debieron replantear las estrategias de su actividad ilícita, tanto en la producción de alucinógenos como en los envíos y distribución, a fin de atender una demanda de alrededor de 275 millones de consumidores durante el año pasado.

Es así que la crisis sanitaria solo obligó al crimen organizado a cambiar sus métodos de transporte y utilizar recursos tecnológicos como la llamada "web oscura”, los sitios de Internet a los que solo se puede acceder a través de navegadores especiales para asegurar el anonimato. Los envíos a través de "mulas” fueron reemplazados por aviones privados y embarcaciones clandestinas. Además manejan los pagos con criptomonedas, difíciles de identificar.

El último informe anual de la Oficina de la ONU contra la Droga y el Delito (UNODOC), que acaba de publicarse, suma cifras alarmantes sobre consumo, en particular de marihuana que se ha cuadruplicado, como también el aumento de la adicción al uso no médico de sedantes farmacéuticos, propio de los factores sociales subyacentes a las restricciones que contribuyen a acelerar la expansión del mercado de sustancias ilícitas.

También cambió el panorama global de la drogadependencia ya que el consumo no es como en décadas pasadas un problema países ricos. Los narcos han evolucionado en el manejo del mercado clandestino con una nueva generación de drogas sintéticas más baratas, la expansión del uso de opioides, y el aumento de la potencia de las drogas para atender una tendencia preocupante que aumenta en las naciones con menores recursos.

La economía ilegal y el desempleo generados por la crisis del covid-19 llevaron a muchas personas de países en vía de desarrollo a cultivar o traficar con drogas, por lo que la ONU reclama a los diferentes gobiernos no olvidarse de los más vulnerables en los planes de reactivación productiva, a fin de catalizar la tendencia al consumo en la pandemia. De seguir con la tendencia actual hasta 2030 aumentarán un 11% los adictos de los países de menores recursos contra el 1% en las naciones desarrolladas.

Los problemas de salud mental crecen en el mundo por un conjunto de factores de riesgo relacionados con el consumo de las drogas prohibidas.