A poco de cumplirse la segunda semana de las vacaciones de invierno y observar la afluencia de personas de todas las edades que han llegado a la provincia desde distintos puntos del país y del exterior, los sectores vinculados con la actividad turísticas han comenzado a considerar la posibilidad de ampliar y mejorar la oferta de servicios que se ofrece con el fin de hacer que el turismo sea una fuente de ingresos permanentes durante todo el año. Para alcanzar ese objetivo hay una serie de mejoras que hay que implementar imitando, en cierta forma, el desarrollo turístico del Norte argentino, más allá del que han alcanzado en las últimas temporadas los centros que son tradicionales en el país.
En el caso de San Juan hay algunos inconvenientes que subsisten como por ejemplo la falta de atractivos a lo largo de las rutas o circuitos turísticos, como también mayores servicios en los destinos turísticos más concurridos, con un mayor sostenimiento de la oferta por más tiempo y no sólo por pequeños períodos. El turismo debe ser entendido como una inversión a largo plazo que en la permanencia de la oferta logra sus réditos y no un negocio de ocasión por una corta temporada.
Dentro de la ciudad capital y alrededores se advierte la necesidad de contar con un mayor número de restaurantes o comedores, como también cafés abiertos durante gran parte del día. El comercio de determinados productos de consumo de los visitantes también debería contar con una atención especial lo mismo que el ingreso a los principales atractivos como la Casa de Sarmiento, la Catedral, el Teatro del Bicentenario y otros puntos de la propuesta ferial, artística y cultural que se ofrece en el centro de la ciudad.
En las denominadas rutas del vino y del aceite de oliva, más allá de los puntos de destino establecidos, el turista necesita contar con otros atractivos promovidos por las propias comunidades por las que se pasa. Una mejor cartelería, el desarrollo de la gastronomía y la explotación de lugares públicos debidamente arreglados podría contribuir a que los paseos sean más entretenidos y que las comunidades radicadas en estos trayectos cuenten con una fuente de ingreso en la venta de regionales y productos autóctonos.
El tercer objetivo está en mejorar la transitabilidad hacia los departamentos más alejados y promover que a lo largo del camino se cuente con paradores e inclusive, hospedajes transitorios en los que se pueda pernoctar o pasar una breve estadía. En los lugares de destino, además de la oferta de hospedaje y de turismo aventura que generalmente se realiza, agregar actividades sociales y culturales de manera sistemática y basada en un programa difundido previamente.
Es un hecho que las inversiones en este rubro deben apuntar a ampliar la oferta de hospedaje, pero también para promoverlas hay que ofrecer un entorno que sea convocante más allá de las bellezas naturales de cada zona. Espectáculos como los que se ofrecen cada año en el cerro Alcázar, en la localidad de Tamberías, en Calingasta, son una muestra de lo convocante que pueden resultar iniciativas como esta. Lo mismo que en Valle Fértil cuando se realizan fiestas tradicionales como la del chivo o se realiza en el Valle de la Luna la excursión nocturna a la luz de la luna que cada vez tiene más adeptos.
