Toda persona ocupa un lugar dentro de un amplio entramado de relaciones de distinta naturaleza. Durante su desarrollo va estableciendo lazos que le posibilitan irse posicionando dentro del universo social. Se trata de un proceso que se va cincelando durante toda una vida, con marchas, contramarchas y reconfiguraciones. Tal entramado de conexiones, es lo que sociológicamente ha quedado definido como "red social". Es decir, una estructura de vínculos, basamento de toda existencia y con toda la complejidad de lo humano. En la década de 1930 la psicología social estudiaba el tema en profundidad, trazando sociogramas. Son estas representaciones en papel, donde cada persona está simbolizada por un punto y se trazan líneas que vinculan dichos puntos entre sí, configurándose una muy compleja y poco uniforme red.
Pero en la pasada década, con indiferencia arrolladora y arrebatando la denominación científica, desde teléfonos celulares irrumpen hegemónicamente las "redes sociales". Si se tratase de sólo un tema de denominación, sería asunto menor.
Lo preocupante, por sus consecuencias, es que estas redes virtuales han suplantado a la red social real. Entre la plétora de diferencias que se podrían establecer entre estos tipos de redes sociales, dos tienen carácter definitorio por sus derivaciones.
Una es la muy escasa selectividad en la virtual; en la real, los lazos interpersonales de la interacción directa consolidan una perspectiva de la existencia.
La otra diferencia es el impúdico y desenfrenado carácter masivo, en el que la intimidad reservada o el pensamiento sutil quedan aplastados por irreflexiones. No quiere decir esto que las redes sociales virtuales sean siniestras de por sí o que no contengan aspectos positivos, sino que las voces inmoderadas y estentóreas se esmeran en tapar a las reflexivas.
Desde hace un tiempo, emergió un subproducto de esta integración virtual, global, ostentosa a menudo de frivolidad. Motivo de preocupación ecuménica, se trata de la "Cultura de la cancelación".
Precisamente, desde plataformas virtuales, se ejerce una presión hacia la uniformización ideológica, como ningún absolutismo logró efectivizar. Por caso, si una persona en ejercicio de su libertad opina algo fuera de lo que quedó establecido como canon del momento, se la "cancela" socialmente. Se concreta esto con un éxodo de seguidores y profusión de expuestas descalificaciones.
Como resulta evidente, la cancelación no solamente impacta en lo anímico, sino que tiene poder para destruir carreras y vidas. La redes sociales virtuales pueden ser formidables, pero quien accede a la abolición de su intimidad se presta a que su dignidad quede diluida. Y el someterse a ideas directrices, llega a transformar lo que se creía una red en un enrejado.
