En la historia democrática de Chile nunca se dio un escenario político tan incierto como el que precede a las elecciones presidenciales hoy, donde la extrema derecha y una nueva fuerza de izquierda se disputan la preferencia de un electorado que ha mutado de los partidos tradicionales hacia propuestas de mayor equidad social, mejores condiciones de salud y educación, además de seguridad frente al vandalismo y la delincuencia crecientes.
Si bien estas demandas fueron canalizas por la Convención Constituyente para hacer las reformas constitucionales reclamadas por la ciudadanía, tras el estallido social de 2019, el nuevo esquema representativo de los más de 19 millones de habitantes de la nación trasandina ha recogido nuevos reclamos a la luz de la alteración de la paz interna por la irrupción de conflictos como el de los mapuches en el sur, el incremento del narcotráfico, y la crisis originada por los inmigrantes que intentaban ingresar por el norte. La caída de la economía es otro punto candente.
Sin intenciones de voto actualizadas, ya que la ley electoral chilena prohíbe las encuestas en la semana previa a los comicios, todo indica que José Antonio Kast de la ultraderecha es el favorito, pero por escaso margen, sobre la coalición de izquierda encabezada por Gabriel Boric. Por el margen de preferencias, entre 32% y 27% entre uno y otro, la segunda vuelta prevista para el 19 de diciembre se da por asegurada.
Lejos de esta polarización aparece el candidato oficialista Sebastián Sichel, con un 13% de intención de voto, luego Franco Parisi y Yasna Provoste, completando un panorama de posiciones ideológicas bien marcadas, lejos de la centroizquierda y de la derecha que alternaron períodos de gobierno entre Michelle Bachelet y Sebastián Piñera, en las últimas décadas.
En este contexto tan diverso, las expectativas para los sanjuaninos también son inciertas por los intereses binacionales donde la obra del Túnel de Agua Negra ocupa un papel preponderante. La conexión de nuestra provincia con la IV Región de Chile, con estudios terminados y financiación asegurada del BID, lista para licitar, fue paralizada durante la gestión de Piñera con argumentos absurdos y de ahora en más la continuidad o cancelación definitiva dependerá del próximo ocupante del Palacio de la Moneda. También será necesario el enfoque que darán las autoridades de Coquimbo con la óptica de un nuevo gobierno federal para cambiar la historia de integración regional.
