Se ha anunciado un profundo cambio cultural en el arbolado público sanjuanino, sustentado en el reemplazo paulatino de especies autóctonas, resistentes a las particularidades desérticas de la provincia, en particular las temporadas de sequía, e implantar pequeños bosques urbanos con el fin de atenuar los rigores climáticos. El plan es auspicioso como toda medida oficial destinada a ampliar, preservar y atender con todos los recursos necesarios el déficit forestal de la provincia.
Este diario ha sostenido con verdadera pasión la defensa del arbolado público durante décadas y sin embargo todas las propuestas de diferentes gobiernos, provinciales y municipales, quedaron en las buenas intenciones, desde renovar las especies hasta prever el riego presurizado en el radio céntrico capitalino. Por el contrario, por la expansión urbana en el Gran San Juan se siguen perdiendo espacios verdes por nuevas urbanizaciones y obras viales, entre otras.
A las talas indiscriminadas de añosas arboledas de eucaliptus con más de un siglo de vida, se sumó la proliferación de moreras híbridas con el fin de disponer rápidamente de sombra en los nuevos barrios, que si bien se logró por el rápido crecimiento, también esta variedad exótica reveló la necesidad de demandar abundarte agua y por ello las raíces terminaron levantando veredas cuando no espacios de viviendas. Los plátanos son otro objetivo de recambio, según Arbolado Público.
La idea de plantar 10.000 árboles de nuevas variedades en dos años como cambio cultural progresivo, es decir ir reemplazando a medida que se necesite, exige gran dedicación para disponer de plantines de aguaribay, algarrobo u otro árbol nativo. Deberá contar con una infraestructura de la Secretaría de Ambiente lo suficientemente adecuada a los pedidos de los intendentes para ejecutar el programa, tanto de recambio del arbolado público como del desarrollo de los "bosques urbanos" proyectados. La mejor arboleda en la calles de San Juan la tiene la calle Laprida, desde Alem hasta Sarmiento. Y la Avenida Rawson en toda su extensión. Que es donde están los árboles denominados typas.
Por ello la imprescindible continuidad del plan, más allá de una gestión de gobierno, porque se ha visto cómo quedan truncas las buenas intenciones cuando estas exceden los tiempos políticos, en este caso avanzar con el arbolito desde la maceta hasta ubicarlo en la calle. Tampoco debe ser un proyecto pensado sólo en la escasez de agua, porque esto es un problema cíclico. Lo importante es forestar, porque al desierto ya lo tenemos encima.
Esto requiere una política de Estado y descentralizada para que las nuevas generaciones sean testigo de un cambio histórico.
