En su permanente seguimiento a la evolución global de los recursos alimentarios, la Organización de las Naciones para la Alimentación y la Agricultura (FAO) acaba de dar un preocupante informe acerca de los recursos del planeta para la atender la demanda alimentaria de una población creciente, que en 2050 llegaría a más de 9.700 millones de personas que considerando las circunstancias actuales no tendrían un plato de comida diario.

La dependencia de la ONU ha llegado a la conclusión de que los cambios realizados hasta ahora para aumentar la producción de alimentos y abastecer a la sociedad, han dañado gravemente el medio ambiente al contaminar el suelo con pesticidas, más la deforestación y el agotamiento de los recursos hídricos, entre otras situaciones adversas.

Ante este panorama la FAO insta a los países miembros que planteen alternativas que permitan el abastecimiento de comida saludable, pero respetando el medio ambiente, una coyuntura a la que quieren dar respuesta las nuevas tecnologías y alimentos alternativos, que tras su creciente uso deben ser estudiados y regulados con protocolos.

Los científicos del organismo puntualizan, por su alto valor nutricional y sostenibilidad, el cultivo y consumo de algas e insectos que ya alimentan a regiones de Asia y África, por los reducidos costos de producción. Las algas no necesitan fertilizantes y los insectos no producen gases de efecto invernadero, pero todo con rigurosos controles y regulación.

Además la FAO remarca la mayor conciencia de la población que opta por la creciente alza de las alimentaciones veganas y promueve las alternativas vegetales sobre los animales, aunque todo no debe sustituirse, caso de las bebidas de origen vegetal por sobre productos lácteos con limitada diversidad de nutrientes para alimentar a lactantes lo que podría ser perjudicial para la salud.

El informe citado apunta a la seguridad alimentaria de mediados de siglo, pero el drama ya lo tenemos, agravado por la pandemia y ahora con el desplazamiento de refugiados y el colapso económico mundial. En América latina y el Caribe los altos niveles de demanda de alimentos se localizan en Haití, Venezuela, Guatemala, El Salvador y Honduras, áreas del Corredor Seco de América Central. Esta región tiene el costo más alto para acceder a una dieta saludable, con un valor promedio de 3,98 dólares diarios (casi $800) un monto 3,3 veces mayor de lo que una persona bajo la línea de pobreza puede gastar para alimentarse.