Sin lugar a equivocarnos, la protesta es uno de los instrumentos más importantes con que cuentan los sistemas democráticos, pues constituye la expresión popular en su derecho para expresar sus preocupaciones o para demandar la acción del Estado en determinadas circunstancias. Por supuesto estas expresiones deben realizarse en un determinado orden de tranquilidad y sin perjudicar a terceros, que, también ejercitando sus derechos, desean no ser parte de la protesta y desean también transitar los mismos lugares con total tranquilidad.
También es cierto que, desde el Estado, durante décadas se promovió este tipo de reclamo violento con frases como: "Con nuestra tolerancia exagerada nos hemos ganado el derecho de reprimirlos violentamente. Y desde ya establecemos como una conducta permanente para nuestro Movimiento: aquel que en cualquier lugar intente alterar el orden en contra de las autoridades constituidas o en contra de la Ley o de la Constitución, ¡puede ser muerto por cualquier argentino!" (…). "La consigna para todo peronista, esté aislado o dentro de una organización, es contestar a una acción violenta ¡con otra más violenta! ¡Y cuando uno de los nuestros caiga, caerán cinco de los de ellos!", esto es parte del discurso que Juan Domingo Perón pronunciara en agosto de 1955 y es la época donde las protestas callejeras se tornaron violentas y armadas, unas décadas después lo que todo indicaba que debía ser "una fiesta de recibimiento", se transformó en lo que la historia recuerda como "La masacre de Ezeiza".
También es "transmitir" violencia el "no hacer nada" desde el Estado cuando las protestas toman la calle y los espacios públicos impidiendo el normal desarrollo de toda una sociedad que sólo desea paz y trabajo. En fin, tantas décadas de gobiernos permisivos a esta modalidad de manifestación, lograron transformar una actitud patológica e irracional en algo "normal". La violencia no sólo es física; puede haber palabras ofensivas y dañinas, siempre se puede responder a ellas con palabras, y es nuestra responsabilidad saber hacerlo con contundencia. Somos seres racionales y deberíamos estar preparados para dejar en el lugar que le corresponde a todo aquel que trate de insultarnos u ofendernos.
Al ser la violencia un acto irracional, no puede justificarse nunca, las justificaciones siempre son actos racionales, o estás en el mundo de lo racional o estás en el de lo irracional, no podemos ni se debe admitir el poder estar en ambos a la vez.
Las cifras son contundentes, sólo en el 2022 hubo más de 9.000 piquetes, sólo en la ciudad de Buenos Aires, y eso señores, es violencia, por que impide el "derecho a transitar libremente".
Lo sucedido en el Congreso durante el tratamiento de la llamada "Ley Ómnibus", donde manifestantes de "movimientos sociales y de izquierda", encabezados por el líder del "Polo Obrero", Eduardo Belliboni, donde se vio a las fuerzas federales actuar para permitir la circulación de los vehículos por las calles, no fue un acto de "represión", eso se llama "orden", donde lo normal es que se pueda ejercer el derecho a la protesta pero también se pueda ejercer el derecho a transitar libremente y sin temor de ser insultado o agredido
