Desde tiempos remotos ha quedado demostrado que la figura del padre, al igual que la de la madre, no puede ser sustituida por nada en el momento de otorgar a los integrantes de una familia el apoyo y la seguridad que se busca en esta estructura, base de la sociedad. Sea cual sea el modelo familiar que se adopte, en términos normales, el padre siempre será el referente de la fortaleza que hace que un grupo familiar tenga bases firmes en que apoyarse, permitiendo que sus integrantes tengan a donde recurrir en casos de necesidad extrema o, simplemente, para expresar emociones y sentimientos.
En este principio de siglo la figura del padre ha sufrido, en determinados sectores de la sociedad, embates vinculados al proceso de disminución de la importancia de la familia que, afortunadamente, no ha incidido en el sentido de paternidad que sostienen padres e hijos.
El fenómeno de las separaciones y los divorcios, en constante aumento, más allá de lo que se creía no ha afectado los vínculos estrechos que buscan mantener los hijos con los padres y viceversa. Cada vez es más común, en caso de padres separados o familias disgregadas, que los progenitores compartan uno o varios días a la semana para mantener intacto ese vínculo que los une en un sentimiento de amor recíproco de difícil disolución.
Por otra parte, hay que tener en cuenta que la figura del padre de manera natural se asocia a la internalización de normas de comportamiento y al denominado "deber ser" facilitando a los hijos el proceso de integración dentro de una sociedad donde se deben respetar y seguir ciertas reglas para una buena convivencia.
Más allá de las circunstancias es importante que siempre el padre esté presente, de una manera práctica, forjando valores que les son propios para permitir que el hijo tenga un marco de referencia que le posibilite crecer con ejemplos que son trascendentales para su inserción en la sociedad.
En este día del padre hay que promover que quienes tuvieron la suerte de ser progenitores de una descendencia o que han adquirido esa condición mediante un acto voluntario, puedan seguir ejerciendo esa noble función de ser base y sostén de una familia, no sólo en el aspecto económico sino en la enseñanza de valores y conductas que resultan de fundamental importancia para consolidar un comportamiento adecuado, basado en el respeto y el buen comportamiento.
La figura del padre será siempre un modelo a seguir dentro de la esencia de cada familia por una cuestión natural, más allá de los nuevos modelos que se tratan de imponer actualmente.
