El emperador romano Marco Aurelio afirmaba lo que por su universalidad se ha mantenido vigente a través de los siglos: "Lo que no es útil para la colmena no es útil para la abeja". Una metáfora concebida para la sociedad humana, en su compleja interdependencia. Es que existen espejismos que inducen a creer que un individuo, grupo o sector pueden resultar beneficiados cuando la comunidad entera, por ese mismo hecho, se pueda perjudicar. Son las distorsiones características que emergen en entornos inflacionarios. Cuando la variación es acelerada, las relaciones entre precios, ganancias y salarios se van desdibujando, y los equilibrios directamente dejan de existir. Es cuando entra a jugar el legítimo afán por sostener la capacidad adquisitiva, extraviándose ese sentido de "colmena" aludido. Precisamente, las paritarias, cuando representantes de trabajadores y empleadores se reúnen a fin de acordar ajustes salariales, tienen a todas luces un efecto paradójico. Luego de cerradas, mientras más alto sea el aumento conseguido por un sector, más se interpreta como un éxito. Sin embargo, la naturaleza misma de la negociación tendrá como consecuencia más inflación, por lo que tal aumento quedará diluido. No significa esto que todo aumento salarial deba implicar inflación, sino que la mecánica de la paritaria la impulsa. Es así debido a que la negociación no tiene en cuenta la realidad de cada empresa, de cada empleador, sino una unilateral necesidad de actualizar sueldos. Es que la circunstancia de quienes son empleadores de ninguna manera puede ser homogénea. En otras palabras, habrá empresas que por su situación podrán otorgar lo convenido, otras que por mayor rentabilidad podrían ofrecer mayores aumentos aún, pero siempre existirán otras que por su realidad económica no podrán concederlos. Pese a ello, el cumplimiento de paritarias tiene fuerza legal, y todo empleador debe acatarlas. El único recurso disponible es entonces trasladar los mayores costos a precios, con lo que así se propicia la inflación, además de la generada por la emisión monetaria del Estado.

Asimismo, es crucial tener en cuenta que no todos los sectores logran en paritarias los mismos aumentos. Aquellos gremios con menor poder de negociación consiguen porcentajes más reducidos, y sus asalariados quedan con sus haberes rezagados. Así y todo, estos deben enfrentar incrementos derivados de las paritarias de aquellos que alcanzaron abultadas y promocionadas subas. Esto significa, nada más y nada menos, que un crecimiento de la pobreza. Por ejemplo, un trabajador independiente, que no puede actualizar lo que cobra a sus clientes porque no se lo podrán pagar, debe asimismo hacerle frente a precios indexados de acuerdo a paritarias "exitosas". Esta es la realidad de millones de argentinos, que sólo pueden ir resignando gastos, que actualmente ya se vinculan a su canasta básica. La única manera de que una paritaria resulte exitosa para la "colmena" es que sea moderada en extremo, contemplando todas las realidades posibles. Por el bien de todos los trabajadores.