La política estadounidense tiene esta semana una actividad realmente atípica con definiciones institucionales claves y particularmente en relación al desempeño del presidente Donald Trump, quien a la vez mira a su futuro inmediato pensando en una reelección que cada vez más se aproxima a la realidad. En estos días se desarrollan en el país del Norte los caucus, o asambleas ciudadanas para elegir al candidato, mientras el impeachment o juicio político al presidente, se suma al discurso del mandatario sobre el estado de la Unión, temas que tienen en vilo a la opinión pública.

Sin embargo, los analistas ponen todas las fichas a favor del polémico magnate republicano, incluyendo su absolución parlamentaria, y estas opiniones tienen sustento matemático. Es que Trump alcanza ahora la mayor aprobación de su desempeño, un 49% de los votantes, según la encuestadora Gallup, el nivel más alto desde que llegó a la Casa Blanca. Es decir, casi la mitad de los estadounidenses lo aceptan contrariamente al escaso apoyo -protestas callejeras incluidas- al conocerse su triunfo hace casi cuatro años con rechazo hasta de las propias filas republicanas.

Todo parece haberse revertido, de acuerdo al relevamiento de la consultora, de manera que el presidente tiene el apoyo del 94% de los republicanos y el 42% de los independientes, estos últimos valorados en los sondeos de opinión. En ambos casos se ha destacado una serie de logros que Trump ha materializado ante las expectativas internas y en la política exterior, entre los que se destacan el asesinato del poderoso general iraní que Washington calificaba de terrorista, la firma del reciente acuerdo comercial con China denominado "fase uno" y la aprobación del Congreso a la revisión que hizo al Tratado de Libre Comercio de América del Norte.

El peso de la opinión pública a favor de Trump, como cualquier otro tema relevante, es considerado en EEUU como fundamental ante el concepto cultural de la libertad, pero los gestores del impeachment han seguido avanzando en el proceso legislativo señalando que el presidente es un peligro para la seguridad nacional y que él no siente ningún remordimiento por lo sucedido, en alusión a los inminentes enfrentamientos armados que se superaron a última hora. Por ello consideran un deber de la Cámara condenar a Trump porque nadie está por encima de la ley, ni siquiera el presidente.

La percepción de los estadounidenses del desempeño de Trump va por otros carriles mucho más amplios, donde la economía y el bienestar general eclipsan a la verborragia política, más si es parte de una campaña electoral que prácticamente ha comenzado con las asambleas ciudadanas.