El dilatado proceso electoral que afrontamos el año pasado todos los argentinos llevó a que los resultados de las distintas instancias electivas fueran muy particulares, y que mientras en una de las elecciones ganara una fuerza política, en la otra lo hiciera otro partido. De ahí que los resultados de las elecciones, por ejemplo, para gobernador de San Juan, fue muy diferente a la que se hizo para elegir senadores y diputados nacionales o provinciales. Algo parecido sucedió a nivel nacional, ya que el triunfo de Unión por la Patria cuando se eligieron senadores y diputados no coincidió con la segunda vuelta de la presidencial que disputaron Sergio Massa con Javier Milei, en la que se impuso holgadamente este último candidato, representante de La Libertad Avanza.
Estas disparidades han hecho que los oficialismos tanto a nivel nacional como provincial no cuenten en la actualidad con la mayoría legislativa, lo que ya ha comenzado a repercutir en disposiciones del Ejecutivo y, consecuentemente, en la gobernabilidad que pueda existir en el futuro.
Si bien los números son fríos y exactos, la cantidad de diputados que hay en cada recinto legislativo no representa lo que en último momento votó la ciudadanía cuando se eligió gobernador y presidente.
En momentos como los que estamos viviendo, de una alta conflictividad social y de variables económicas que no tienen sosiego, cabe por parte de los legisladores y de las agrupaciones políticas representativas llegar a acuerdos en los que no sólo se ejerza el poder numérico de las simples mayorías de legisladores, con el objeto de sacar alguna ventaja política o demostrar el poder que se ostenta. Esos acuerdos deben estar orientados al espíritu de colaboración y de diálogo entre las fuerzas políticas, con el sólo objeto de producir hechos legislativos que vayan en beneficio de la gente. Los diputados representan al pueblo y no sólo al partido que pertenecen.
La situación que se vive y los momentos que transcurren lo ameritan. No por haber alcanzado una mayoría en las elecciones legislativas se va a usar esa ventaja en entorpecer todo un accionar de gobierno. Las discusiones de los temas hay que plantearlas, para mejorar la legislación. Pero bajo ningún otro concepto se puede utilizar esa mayoría para impedir un accionar de gobierno que beneficie a la comunidad.
La mayoría legislativa está siendo utilizada con diversos objetivos, uno de ellos designar funcionarios en puestos claves de organismos constitucionales. Aunque los números lo permitan, moralmente esto tampoco corresponde y se tendría que haber puesto más mesura al momento de proponer candidatos.
La democracia bien entendida pasa por no avasallar a las fuerzas opositoras, sino coordinar con ellas las distintas medidas que puedan resultar beneficiosas para el crecimiento y desarrollo de los pueblos
