Han transcurrido 171 años del fallecimiento del Padre de la Patria, como se le llama acertadamente al General José de San Martín, y su proeza de contribuir con la emancipación del país desde su posición como militar, su trayectoria como político y gobernante, y su ejemplo como esposo y padre de familia siguen distinguiéndolo como a uno de los hombres más notables del continente americano y del mundo. 

A medida que pasa el tiempo la figura del Libertador adquiere más relevancia por todo lo logrado en el campo de batalla y en el épico cruce de los Andes, pero también por la enseñanza impartida a sus congéneres en momentos que la Patria se abría camino hacia su independencia. Una enseñanza que hoy se traduce en un mensaje claro y contundente de que a la Patria se la construye trabajando, con mucho sacrificio y voluntad de acción. 

Tenemos en San Martín no sólo al artífice de una auténtica hazaña como fue liberar a tres naciones, Argentina, Chile y Perú, sino también a un militar que conociendo las necesidades de su patria fue a capacitarse a España donde aprendió las bases de estrategia militar que después le resultaron fundamentales para su campaña libertadora. También tenemos a un destacado gobernante que en base a una gestión seria y honesta hizo que la región de Cuyo tomara relevancia durante la gesta independentista y finalmente tenemos al esposo y padre de familia que fue capaz de dejar, a través de sus "Máximas", escritas para su hija Merceditas, una enseñanza que ha trascendido el tiempo como una de las obras propias de un prócer de su jerarquía.

El General de brigada Juan Martín Paleo, en su carácter de Jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas de nuestro país, dijo en un homenaje realizado a San Martín que "los argentinos tenemos la suerte de no tener que ir a buscar modelos extraños; tenemos en el padre de la patria el perfecto y evidente ejemplo a seguir, no en la grandeza militar de su gesta -históricamente irrepetible- sino en la sencillez de sus actos civiles".

Precisamente esto es lo que engrandece la figura del General San Martín y lo que hace que el bronce que se ha ganado en las miles de estatuas y monumentos esparcidos por todo el mundo brille cada día con más intensidad.

Ojalá que el ejemplo que nos ofrece nuestro máximo prócer pueda ser interpretado por las generaciones actuales, especialmente por quienes tienen la tarea de dirigir el país, sirviendo de modelo de la actitud que hay que asumir para encauzar a la Argentina por una justa y recta senda que nos lleve a convertirnos en la gran nación con la que soñó San Martín.