Son varios los pensadores contemporáneos que hacen referencia a la importancia de la educación en el desarrollo de los valores que son sustentos de las sociedades modernas. Se sabe que la educación es la base indiscutible de los pueblos que aspiran a alcanzar un crecimiento genuino, con un fuerte anclaje cultural que les posibilite objetivos que están más allá del mero desarrollo económico y que corresponden una visión más integral de ese crecimiento.
El sociólogo José Weinstein señala que "conectar cultura y educación es una de las claves para que una sociedad pueda avanzar", y esto es lo que se consigue cuando un país promueve la educación como pilar básico de su política de desarrollo. Cuanto más importancia se dé en la política a la educación, mayor será el progreso de una nación que quiere salir de la inseguridad y la decadencia cívica, decisión que debe implementarse con mayor energía moral y espíritu de sacrificio.
El hecho de que una nación deba apostar prioritariamente a una educación que sea sólida en todos los niveles, desde el inicial hasta el universitario, es que luego ese mismo nivel de educación traerá aparejado un auténtico desarrollo en todos los rubros, inclusive el económico. En este sentido hay que entender que la economía, al igual las cosechas y otros factores que inciden en esta área, pueden ir mejor o peor según una serie de condicionamientos internos o externos, y que después de un mal período puede haber una recuperación significativa. Pero en materia de educación, el proceso es mucho más lento y una recuperación efectiva puede llevar décadas para alcanzar un buen nivel educativo. En el proceso de la campaña electoral para las próximas elecciones presidenciales, que, en la práctica, ya ha comenzado, se observa entre los candidatos una especial preocupación por la economía, cuando en la Argentina hay otros problemas igual de graves, como el de la educación que demuestra una situación de atraso y una necesidad de recuperación que sólo será posible si se la incluye seriamente dentro de los planes de gobierno.
Por años, la educación en nuestro país ha ido perdiendo estatus y después de haber estado, a mediados del siglo pasado, entre los primeros lugares a nivel mundial, las últimas pruebas de rendimiento escolar nos han colocado en los últimos lugares de la tabla, especialmente en los niveles primario y secundario. Para recuperar posiciones las autoridades que asuman el 10 de diciembre próximo tendrán que abocarse a hacer que la educación ocupe realmente el lugar que le corresponda, otorgándole todo el apoyo necesario en base a nuevas pedagogías, métodos de enseñanzas, diagramación de currículos apropiados, material didáctico, establecimientos educativos en condiciones y otros factores esenciales para una enseñanza de excelencia.
No hay que olvidar los avances que está experimentando el mundo y poner énfasis en que nuestra educación incluya en abundancia conocimientos y práctica de informática, en todas sus variantes, y de inteligencia artificial, en todo lo que implica este avance y las distintas maneras de aprovecharla.
En materia de educación hay mucho por hacer, desde lo más básico que es garantizar los 190 días de clases anuales hasta potenciar el carácter federal que tiene la educación, ya que si bien la nación coordina planes y acciones educativas, son las provincias las que llevan a cabo esos planes.
Dentro del proceso de recomposición del país no queda otra alternativa que priorizar las necesidades más acuciantes, y la educación es una de ellas, por no expresar que es la primordial.
Ya lo decía Domingo F. Sarmiento: "Todos los problemas son problemas de educación". Entonces, por qué no darle prioridad a un área que ha estado postergada en los últimos años en coincidencia con la debacle económica, política y social que soporta el país.
