Existen principios evidentes e indiscutibles por los cuales una nación alcanza la prosperidad, como pueden serlo la propensión al trabajo, la eficiencia, su infraestructura, la existencia de condiciones económicas e impositivas no obstructivas, etc. Pero otros principios no manifiestos resultan asimismo decisivos para que una sociedad emerja y se proyecte. El destacado ensayista Francis Fukuyama trajo en 1995 luz a este plano del análisis socioeconómico con su libro "Confianza". Se explaya en él sobre la determinante incidencia que en la vida económica de toda sociedad tienen los valores éticos, y una consecuencia directa de ellos: la confianza. Sin ella, no podría darse una evolución adecuada, y ni siquiera normal, en comunidad alguna. Esto es a tal punto que denomina a la confianza "Capital social", es decir, componente base para que una sociedad logre funcionar. Un reciente hecho de la Argentina, aun en desarrollo y que aparenta ser exclusivo del ambiente deportivo y sus instituciones, estaría revelando la disposición actual de la integración social. Un club de fútbol de relevancia entró en crisis por una millonaria deuda en dólares. Dirigentes de distinta extracción, siempre con influencia y presumible poder, no dieron con solución alguna. Y ello pese a múltiples voluntades favorables siempre dispuestas a colaborar, como hinchas y simpatizantes, y en consideración de que cualquier tema de fútbol en Argentina siempre concita atención en alto grado. En síntesis, nada del ordenamiento institucional del país, ni clubes ni dirigentes ni Estado, logró dar solución a la deuda que complicaba el desenvolvimiento de tal club. Fue un particular, influencer en redes sociales, quien puso en marcha una colecta para recaudar fondos. A las pocas horas, ya se habían sumado millones de pesos, y los depósitos han seguido en acumulación.

Más allá del auspicioso hecho económico, y especialmente solidario ya que se trata de pequeñas donaciones de miles de personas, queda aquí expuesta una definida actitud social. Ya diferentes encuestas fueron revelando desconfianza de la ciudadanía hacia instituciones de todo tipo: gubernamentales, gremiales, dirigenciales, etc. Mas esta megacolecta no es una encuesta, es la realidad mensurada en algo muy sensible como lo es el dinero de cada particular, que lo entrega confiadamente a otro particular. Pero en concreto, no se estaría tratando de desconfianza hacia las instituciones, esta es una generalización metafórica, sino hacia quienes ostentan el poder desde ellas. Parecería que toda iniciativa presentada desde cualquier versión del poder fuese filtrada por una retahíla de suspicacias, las que terminan obliterando hasta la más mínima confianza, y esto desde hace ya décadas. Así como se devaluó la moneda, también se devaluó la palabra institucional, y consecuentemente la confianza imprescindible. La ética de la palabra no es tema menor en una república. Es el punto de partida de cada iniciativa y cimiento de toda la dinámica social.