Iniciamos Semana Santa, un período de recogimiento y oración para los cristianos y de respetuosa inactividad en los no creyentes, pero para ciertas mentes perversas es uno de los momentos propicios para incursionar por apartadas zonas de nuestra provincia en la cacería furtiva y la pesca ilegal. El mundo vive momentos sin precedentes por la pandemia de coronavirus, pero se ha comprobado que esta emergencia sanitaria no detiene a los depredadores de la fauna autóctona, ya que violan la cuarentena obligatoria y la restricción vehicular, para desplazarse por el campo. Un reciente operativo policial en Angaco confirma estas afirmaciones.

Este hecho ocurrió hace pocos días y fue descubierto por personal de Flora y Fauna en momentos en que realizaba una recorrida de inspección. Los cazadores fueron sorprendidos a bordo de una camioneta 4×4 con cuatro guanacos y maras, o liebres criollas, faenados tras ser abatidos con armas de fuego. La incursión prohibida incluía perros adiestrados, cuchillos y otros elementos empleados en la cacería protagonizada por varios hombres que fueron detenidos y puestos a disposición del fuero de Flagrancia, acusados del delito de abigeato, de violar la cuarentena y de portar armas sin autorización.

Poco después, en la misma zona, cayeron otras tres personas que se dirigían a cazar a bordo de un poderoso vehículo todoterreno con escopeta, rifles y cuchillos, armamento sin la documentación pertinente, irregularidades que se suman a la violación del aislamiento preventivo y obligatorio. Ambos operativos, uno de ellos presenciado por el propio jefe de Policía, expresan que la movilización de los cazadores no es esporádica sino permanente y en cualquier momento, como se ha determinado también en el último informe anual de Medio Ambiente, con un crecimiento de la caza furtiva del 47% medida en las infracciones descubiertas por la repartición durante 2019, con respecto al año anterior.

Se trata de 233 operativos centralizados en Caucete, 25 de Mayo, Ullum y Sarmiento, sumando a esto no sólo la matanza de camélidos cordilleranos sino también la captura de aves silvestres para sumarla al tráfico y comercialización ilegal. Abril y noviembre son los meses de la aparición de pichones, fáciles de trampear por quienes persiguen a las aves, algunas en peligro de extinción como el cardenal de copete colorado. Los inspectores se equivocan cuando afirman en el informe que el aumento de la cacería ocurre en tiempos de crisis porque la gente va en búsqueda de carne, un absurdo que lo demuestra el desplazamiento de rodados especiales y una artillería y logística que no posee el indigente. Por eso se debe actualizar la legislación contra la caza ilegal, tipificando un delito flagrante y no como una simple infracción.