La cancillería argentina, que dirige Felipe Solá, dio a conocer un comunicado sobre la posición argentina ante el conflicto bélico que se agudizó esta semana entre Israel y Hamás, en la Franja de Gaza, desde que los posibles desalojos de familias palestinas encendieron la chispa que desencadenó una lluvia de misiles sobre la población israelí, generando una dura réplica de la nación atacada. Esta acción fue condenada por nuestro Gobierno por el "uso desproporcionado de la fuerza" contra los palestinos.

Galit Ronen, la embajadora israelí, reaccionó "con preocupación" -lenguaje diplomático que trasunta molestia- porque el comunicado no expresa la buena relación que existe entre ambos países y señaló que está en contacto con representantes del Gobierno nacional esperando que esta posición no afecte los buenos vínculos entre Israel y Argentina en sus relaciones bilaterales.

Si se trató de una impericia en el delicado manejo de nuestra política exterior, como se presumía, el propio presidente Alberto Fernández se encargó de reiterar esta postura, argumentando que se basó en el enfoque de la ONU sobre el conflicto, es decir buscar una solución negociada a través del diálogo. Pero el organismo internacional rechaza el accionar del grupo terrorista Hamás que comete ataques indiscriminados desde 2014 y el miércoles último bombardeó con 140 misiles. Esto lo ignoró Solá.

El exabrupto diplomático también repercutió en la comunidad judía, con una durísima respuesta de la Organización Sionista Argentina, y de calificadas opiniones de expertos en relaciones exteriores. Es que la posición de la ONU a la que se remite la declaración argentina, si bien dice que las fuerzas armadas israelíes deben calibrar el uso de la respuesta, también condena el lanzamiento indiscriminado hacia centros de población israelíes porque es inaceptable. En ese sentido el derecho internacional es muy claro contra la escalada terrorista.

El malestar diplomático no afectará las negociaciones relacionadas con la producción conjunta de una vacuna de origen israelí contra el coronavirus, con negociaciones en marcha, pero deja un mal precedente porque en el viejo pleito de Gaza el mundo está dividido entre los gobiernos que acompañan a las Naciones Unidas en la solución pacífica del conflicto en Medio Oriente y los regímenes latinoamericanos alineados contra Israel, como Venezuela, Cuba, México, Nicaragua, Guatemala y Honduras.

Ninguno de ellos tampoco condena a Irán, el mayor proveedor de los cohetes y artefactos incendiarios a los milicianos que tomaron el control de Gaza en 2007.