Las guerras son disruptivas no solamente en cuanto representan la abolición de códigos básicos de convivencia, sino también porque consiguen desdibujar toda previsibilidad. Y esto recae no solamente para quienes se ven involucrados directamente en conflictos bélicos, sino también en la humanidad toda. El curso de la invasión Rusia a Ucrania ha ido transfigurando el mapa geopolítico del mundo, proceso que se verá acentuado en el mediano y largo plazo. Pero tras la vergonzante situación de continuar con el empleo de la destrucción y muerte como método de alcanzar objetivos, subyacía en el conflicto ucraniano un acuerdo que hubiera podido ser una semilla esperanzadora.
En febrero de 2022, momento de la invasión rusa, su flota bloquea puertos ucranianos en el Mar Negro. Esto produjo alarma en el mundo en el plano alimentario, considerando que las exportaciones de granos por parte de Ucrania resultan clave para la alimentación mundial. No se trata de algo reemplazable, en el corto plazo al menos, por lo que el panorama sólo ofrecía dos alternativas altamente conflictivas: ante la escasez, una suba trepidante de precios y, por otra parte, inevitables hambrunas. Las exportaciones agrícolas de Ucrania llegan a más de 40 países en 3 continentes. La participación de estos productos en el consumo de algunas naciones dan cuenta de inevitables dependencias, por razones de próxima disponibilidad. Como ejemplo, el 92% del trigo consumido en Moldavia tiene origen ucraniano, en Líbano 81%, Qatar 64%, Libia 48%, entre otros casos de guarismos importantes. Y a pesar de ser intensamente atacados, Ucrania envió 625.000 toneladas de alimentos, como ayuda humanitaria, a Kenia, Afganistán, Etiopía, Yemen, Sudán y Somalia. Pero mientras en febrero de 2022 la atención mundial era casi monopolizada por la agresión militar rusa, los especialistas se enfocaban en la preocupante situación de los granos exportables por Ucrania. Por intercesión de la ONU y Turquía, Ucrania y Rusia establecieron un acuerdo en julio de 2022 por el cual se garantizaba el paso seguro de buques de carga, gran logro diplomático. Se convino un corredor en el Mar Negro, de 310 millas náuticas de largo y 3 de ancho, entre 3 puertos ucranianos. De tal modo, pese a la guerra, las exportaciones agrícolas lograban cumplirse. Pero recientemente Rusia ha anunciado que se retiraba unilateralmente y de manera "inmediata" del acuerdo referido para exportación de granos por el Mar Negro. A fin de acentuar efectos, Rusia ha bombardeado intensamente la infraestructura de los puertos ucranianos. Evidentemente, una estrategia orientada a desencadenar una crisis internacional de tal magnitud que sitúe a Rusia en condición de imponer exigencias. El desasosiego y el sufrimiento mundial utilizados como armas de guerra. Hasta la ética más elemental entraría en conflicto con una iniciativa que se valiera del hambre de millones y de encender una volatilidad en alto grado perniciosa en todo el mercado alimentario.
