Cuando todavía faltan 38 días para el inicio de las vacaciones de invierno, haber postergado el reinicio de las clases presenciales hasta después de ese receso -existiendo escuelas de distintos niveles de enseñanza que están en condiciones de reanudar las actividades- es un despropósito que perjudicará a los niños, quienes en lo que va de este 2020 han tenido muy poco contacto con sus maestros.

Como ya lo hemos consignado en otras ocasiones, los bajos índices de contagios del Covid-19 sumado a la poca densidad poblacional y de escolares que hay en la mayoría de los departamentos de la provincia, contribuye favorablemente a que el coronavirus no sea un riesgo para una reanudación de la actividad escolar, que ya se podría haber dado evitando que los chicos no se atrasen más con los contenidos, que si bien se están ofreciendo vía online o a través de cuadernillos, el aprendizaje no está garantizado como debería ser y se podría correr el riesgo de perder el año escolar.

La posición de los dirigentes gremiales, sin consulta previa a los delegados escolares, como también de maestros y de algunos padres, de no volver a las clases presenciales antes de las vacaciones de invierno por el riesgo al contagio del Covid-19, por los fríos que pueden provocar enfermedades vinculadas con el virus y el mal estado de algunos edificios escolares, no son argumentos válidos, ya que cuando el receso de invierno finalice el 24 de julio, todavía se correrá el riesgo de estar en pleno pico de la pandemia y los fríos no habrán cesado, como para decir que esa fecha es mucho más conveniente. Además contradice lo expresado por las autoridades del Ministerio de Educación de que las escuelas están en buen estado o deja en evidencia que nada se ha hecho por acondicionarlas durante el periodo de cuarentena, algo que se sugirió desde el principio desde esta misma columna de opinión.

De volver de inmediato, el próximo lunes a mas tardar, a la actividad escolar presencial se estarían aprovechando 35 días que no vendrían nada mal para que los chicos tomen contacto con sus maestros y se adapten a la "nueva normalidad" que deberá regir a partir de ahora en las escuelas. Estamos hablando de las escuelas de los departamentos, de los cascos céntricos, semirurales y rurales (de nivel inicial, primarias y secundarias; agrotécnicas y técnicas de capacitación laboral, que requieren en forma urgente volver a sus actividades), que reúnen todas las condiciones que exigen los protocolos de seguridad en cuanto a distanciamiento preventivo, transporte público y densidad del alumnado. Para el caso de las escuelas céntricas, de la ciudad Capital y alrededores, donde hay otra realidad, las autoridades de Educación deberían implementar protocolos especiales y estrictos controles para que éstos se cumplan, algo que es factible de concretar.