Es verdad que para disponer de áreas verdes se requiere un adecuado cupo de agua de regadío, pero todo se puede prever convenientemente. Los expertos en ambiente recuerdan con frecuencia que las ciudades que ofrecen más calidad de vida son aquellas que no solo disponen de servicios óptimos, mobiliarios urbanos de fácil uso, calles y veredas cuidadas, control de los niveles de polución, sino que cuentan con zonas verdes en las que los vecinos disfrutan evitándose la elevación de las temperaturas donde se habita. 

Como auténticos pulmones, estos espacios renuevan el aire polucionado, al tiempo que relajan y contribuyen a sobreponerse frente al hormigón e incluso a aumentar la esperanza de vida.

Con argumentos similares desde la Universidad Nacional de San Juan (UNSJ) se ha estado trabajando en una investigación del Gabinete de Geología Ambiental de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales (FCEFN), profundizando en los requerimientos hídricos de los árboles de San Juan.

De ahí surge que "no necesita la misma cantidad de agua un sauce que una mora, por ejemplo, y por eso se requiere conocer estos valores de consumo de agua para poder planificar mejor en medio de la crisis hídrica”, según Andrés Ortega, quien junto con Alejandra Pittaluga y Daniel Flores, integra el equipo de profesionales que investigó el tema. Incluso hasta se ha llegado a firmar un convenio de colaboración con la Secretaria de Ambiente de la provincia para aplicar pronto esos conocimientos y "generar espacios verdes que sean sustentables y no colocar árboles que se terminen secando”. 

En San Juan ya sabemos que son fundamentales los años de mucha nieve y lluvia, cuya carencia hoy padecemos, como en toda la región cuyana, para facilitar el verde, pero en los últimos dos años se han observado trabajos muy acertados en este sentido desde la Municipalidad de la Capital. 

Espacios que hasta ahora eran baldíos o abandonados se han convertido en zonas verdes habitables. Se han llegado a generar casi dos centenares de espacios verdes entre plazas, paseos y bulevares, más la incorporación de 61.000 m2 de zonas verdes y recreativas en el Parque de Mayo, a cargo de la provincia, con 60 nuevos árboles: jacarandás, palos borrachos y pinos romanos. La recuperación en estos dos últimos años de ese buen número de baldíos y lugares públicos, convierte a estos espacios en articuladores de la vida social, más allá del esfuerzo enorme de planificar su regadío. 

Según los técnicos municipales, el mayor porcentaje de estos terrenos se riegan con camiones cisterna y son pocas plazas las que se riegan por agua de acequia, entre ellas la de Trinidad y la Di Stefano. Así, a pesar de la escasez de agua, sumar el efecto de los espacios verdes en las zonas urbanas es facilitar un oasis junto al asfalto y al cemento tan característicos de nuestra Ciudad Capital.