En pleno receso de invierno, una de las épocas del año en que se registra el mayor número de turistas locales y extranjeros que eligen recorrer distintos puntos del país, no puede admitirse que haya sectores que aprovechan para plantear diferentes demandas con paros o huelgas de algunas actividades que afectan a los turistas y a la población en general. Tampoco se puede permitir que haya un recrudecimiento de la inseguridad, otro de los factores que atentan seriamente con la promoción del turismo en determinados puntos de la Argentina.
A principio de semana una medida de fuerza de maleteros produjo que al menos 50 vuelos sufrieran demoras y cancelaciones, afectando a unos 6.000 pasajeros, muchos de los cuales se preparaban para disfrutar sus vacaciones de invierno. La situación que se vivió, por ejemplo, en el Aeroparque Jorge Newbery como en algunos otros aeropuertos como el de Salta y Mendoza fue caótica con miles de personas sin saber qué hacer y montañas de valijas depositadas en los corredores de las aeroestaciones. La demora y cancelaciones de vuelos tuvo repercusión en distintos destinos turísticos tanto del Litoral como del Norte y Sur del país. Gente que tenía previsto llegar hasta las Cataratas del Iguazú, Termas de Río Hondo, Cafayate, Ushuaia, Las Leñas o Ischigualasto en nuestra provincia, tuvo numerosos inconvenientes, incluyendo la pérdida del vuelo.
Tanto en Jujuy como en Salta, la persistencia de conflictos planteados por las organizaciones sociales y otros sectores de la comunidad contra sus gobiernos están dando lugar a marchas y cortes de rutas que inciden en la afluencia turística que tiene por estos días el Norte Argentino.
Los inconveniente que ocasionan los acampes en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires son otra forma de violencia urbana o de agresión con el ciudadano común y mucho más aún de los turistas que llegan para disfrutar de los atractivos y no tener que soportar cortes de calles u otras incomodidades producto de esta forma de manifestarse.
Hay que tener en cuenta que los conflictos sociales afectan desfavorablemente la actividad turística y el desarrollo sustentables de ciudades y localidades, constituyéndose un factor negativo para impulsar esta actividad.
Es necesario que los gobiernos y la comunidad organizada rechacen este tipo de manifestaciones y generen conciencia en los miembros de la comunidad de que con esta metodología no se contribuye a mejorar las condiciones, sino por el contrario las empeoran alejando la posibilidad de solución a los mismos conflictos que se plantean.
