Las preocupaciones sobre el potencial daño que pueden causar a los adolescentes las plataformas de Internet son un viejo reclamo en todo el mundo que los operadores son reacios en asumir, salvo algunas empresas que han replanteado sus versiones destinadas al activo grupo etario. El problema de fondo es la escasa protección legal para obligar a los proveedores del servicio a adecuar sus versiones para niños y preadolescentes.
El problema surge de una ley norteamericana de hace más de dos décadas que establece la mayoría de edad a los 13 años, cuando las redes sociales no existían, de manera que en la web los niños son tratados como adultos con el peligro que ello implica, y disparador de las protestas de padres y de organizaciones que velan por la niñez y la preadolescencia en todo el mundo.
Esa ola de críticas, junto a recientes investigaciones periodísticas, llevó al Senado estadounidense a abordar los "efectos tóxicos de Facebook e Instagram", tal el nombre de la audiencia del último jueves, que incluyó un interrogatorio a los operadores ejecutivos. Previamente una de las empresas anunció la suspensión del desarrollo de una versión para niños de aplicación de fotos, a fin de consultar a padres y grupos opuestos al proyecto.
La situación de los mayores de 13 años, a quienes les falta una década para tener completamente desarrolladas partes claves del cerebro para tomar decisiones y controlar impulsos, según los neurólogos, no puede encasillarse en adultos, aunque las corporaciones argumentan que los chicos reciben celulares de sus padres y mienten sobre sus edades. Por eso Facebook dice que necesitan aplicaciones para ellos.
En realidad el problema va más allá de aplicaciones y programas de los sistemas, ya que mucha culpa la tienen los padres porque los niños no deberían tener teléfonos, pero igual se los dan sus progenitores. Tampoco deberían estar en las redes sociales, pero en casa se lo permiten, y las leyes no se adaptan a la realidad aún en naciones desarrolladas, contrastando con la velocidad con que la tecnología impacta en las vidas humanas.
La lentitud en buscar soluciones de fondo no parecen tener en cuenta que los niños siguen en las redes, multiplicándose las ideas suicidas, dismorfias corporales, ansiedad y depresión, entre otros daños que llegan a ser irreversibles, según los estudios sobre el comportamiento de los chicos y el daño que les ocasiona el uso continuo de las plataformas digitales.
