Fue en junio de 1931 cuando el psicólogo Winthrop N. Kellogg da comienzo a un experimento que por décadas suscitaría controversias. Consistió en criar en su hogar, junto a su hijo de pocos meses, a una chimpancé, con el propósito de responder a una pregunta: ¿qué nos separa a los humanos de los animales? Le dispensó igual tratamiento y cuidados a niño y simio, enseñándoles a ambos lo mismo y con idénticos métodos. Aspiraba a dilucidar si la chimpancé, desconectada de su ámbito natural y en un entorno humano, presentaría una retracción en sus instintos y consecuentemente alguna especie de "culturización". Los informes reflejaron que la simia tuvo una respuesta notable, siguiendo mejor las órdenes que su "hermano" Donald, aprendiendo a comer con cubiertos, ir al baño sola, etc. Se convirtió en líder al poco tiempo, enseñándole cosas al bebé humano. Pero, poco después de que ambos cumplieran un año, todo empezó a cambiar. Cuando el pequeño Donald comenzó a articular palabras, su avances comenzaron a ser destacados, mientras que la chimpancé se estancó. Este experimento no dejó lugar a dudas del rol del lenguaje en el desarrollo humano. No se trata solamente de un instrumento para la comunicación, sino del recurso para la expansión de las capacidades humanas.

El biólogo Premio Nobel Jacques L. Monod lo expresó de manera concluyente: "El lenguaje ha creado al hombre más que el hombre al lenguaje". La capacidad para asimilar una lengua es natural en el humano, pero debe aprenderla en un proceso que es largo y en etapas. Y se pueden alcanzar distintos grados de aptitud; si una persona aprende mejor a manejar su lenguaje y comprensión, claramente tendrá más posibilidades en todo sentido. El impulso formidable a la posesión de la palabra posibilitado por la alfabetización general, el saber leer y escribir, ha sido un factor que catapultó ciencias, técnicas y profesiones en los últimos dos siglos. Sin embargo, un subproducto de tal evolución, las pantallas digitales, y por una inexplicable interpretación, hoy amenazan con retrotraer a la humanidad a circunstancias de analfabetismo, con todo lo que significa. Autoridades escolares de todo el orbe, sin argumentar el porqué, sostuvieron y promovieron el acceso a internet, además de la disponibilidad de dispositivos informáticos, como indicadores centrales de la calidad educativa. Sin referir conocidas evaluaciones realizadas en Argentina, Suecia ha decidido reconocer el error. Allí volverán a las aulas los libros de texto, ya que el entorno digital está provocando que los alumnos den pasos atrás en capacidades de comprensión. A pesar de tener una educación modelo en el mundo, la ministro del área expresó: "Corremos el riesgo de ver una generación de analfabetos funcionales". Como todo aprendizaje que conduce a la superación, la lecto-escritura exige disciplina y dedicación, algo que algunas doctrinas consideran coercitivo y fastidioso. Sin embargo, el experimento de Kellogg puso en evidencia qué es un humano sin lenguaje.