Muchos sostienen que la historia no sólo sirve para recordar los acontecimientos vividos por cada nación, sino para tomar nota de aquellas guerras y atentados perpetrados por grupos terroristas que constituyen una amenaza para el desarrollo pacífico de los pueblos y de sus respectivas naciones. Ante la situación planteada en Afganistán donde los talibanes -aprovechando el retiro de las fuerzas norteamericanas, una decisión que el Senado de EEUU ha calificado de que no ha sido conveniente- lograron el dominio del gobierno por sobre las fuerzas afganas o de grupos armados como Al Qaeda o Isis-K, se ha generado un estado de convulsión cuyas ramificaciones amenazan con extenderse primero a los países de la región, para luego llegar a Europa y el resto del mundo. 

En situaciones como la de Afganistán, donde el régimen instaurado desconoce derechos humanos básicos y tiene a la mujer como principal objeto de sumisión, ha quedado comprobado que ni las acciones de guerra ni las invasiones militares han podido controlar estas crisis, por lo que ahora se impone la necesidad de inculcar en la población civil valores sociales destinados a acrecentar la educación y fortalecer las instituciones para desterrar creencias e interpretaciones belicistas o terroristas que el Islam no contiene. Esta es una tarea a la que todos los organismos internacionales deben abocarse de inmediato para sacar a estos países de la crítica situación en la que se encuentran. 

Desde el inicio del Siglo XX, por acción del terrorismo hubo numerosos acontecimientos trágicos para la humanidad que tuvieron como saldo la muerte de millones de personas en todo el mundo: hechos vinculados a la primera y segunda guerra mundial, el atentado a las Torres Gemelas, los ataques en Francia por parte de grupos armados debidamente entrenados y los atentados a la Embajada israelí y a la AMIA en nuestro país, son algunas de las acciones perpetradas por el terrorismo internacional representado por grupos fundamentalistas y con prácticas despiadadas. 

En estos momentos, Afganistán se ha convertido en epicentro del resurgimiento de grupos armados. Están los talibanes, originarios de la etnia Pastün del lado paquistaní, mientras que del lado afgano está la agrupación Al Qaeda. También tiene un fuerte protagonismo el grupo Isis-K que nació cuando un grupo de jóvenes talibanes paquistaníes se declararon el brazo armado duro y cruel del terrorismo. La letra K quiere decir "donde sale el sol" . En este marco la ambición terrorista talibán es una guerra para afianzar el emirato en Afganistán, en cambio Isis-K como Al Qaeda ambicionan extender su dominio a una región, fundar un imperio o un califato (como el que hubo en España) sentado sobre el terror y las armas e inspirados en el fanatismo islámico interpretado al antojo belicista.

Un régimen cruel que debe ser controlado y combatido en todo el mundo para evitar su propagación.