La Cumbre Climática COP26, en Glasgow, ha sido la más importante de los acuerdos para atenuar los efectos desastrosos del cambio climático, porque ningún país escapa a las consecuencias con riesgos para la actividad humana. La cuestión planteada es cómo mitigarlos y asumir los costos de cambios vitales para adaptarse a las premisas medioambientales, junto a la responsabilidad que debe asumir cada gobierno.

Es que no se trata de decir, el freno al calentamiento cuesta tanto y prorratearlo, porque sería una utopía ante las desigualdades del desarrollo naciones ricas y varias en extrema pobreza-, y también injusto porque hay un ranking de países contaminadores e insaciables del aprovechamiento de recursos naturales.

China, EEUU, India y Rusia son los que más contaminan al emitir el 55% del CO2 mundial por la generación eléctrica, las combustiones industriales, de edificios y el transporte, principalmente aéreo (1,65%) y embarcaciones (1,92%). Le siguen otras naciones contaminantes como Japón, Alemania, Irán y Canadá, entre la decena del ranking responsable de las 38.000 millones de toneladas anuales del dióxido de carbono arrojadas a la atmósfera.

Si este daño se mide a partir de la Revolución Industrial, es atendible el reproche de los líderes africanos a las naciones ricas, responsables de la mayor contaminación y de no cumplir la promesa de aportar 10.000 millones de dólares al año para los costos de adaptación sustentable, que aumentarán entre 140.000 y 300.000 millones a 2030 y hasta 500.000 millones para 2050. Es la financiación dramática que pide la ONU y tema clave del reciente encuentro en Escocia.

El otro punto clave es la colosal deforestación por parte de países que vienen lucrando con la tala ilegal, arrasando anualmente 4,7 millones de hectáreas de bosque natural, con Brasil a la cabeza, seguido por el Congo, Indonesia, Bolivia y Perú. La desaparición del 60% de la selva amazónica fue por la madera y los estímulos a la agricultura y la minería, esto con nombre y apellido desde 2019: Jair Bolsonaro.

El COP26 es calificado como uno de los compromisos más serios para poner fin y revertir la deforestación para 2030, mientras el mundo se encamina a las energías limpias, la electromovilidad y la industrialización sustentable, con decidido impulso de las compañías multinacionales. Pero no es la primera vez que los gobernantes prometen y los plazos se olvidan o prorrogan. Ojalá el incremento de huracanes, deshielos imparables, incendios, sequías, y otras alteraciones catastróficas sean una ayuda memoria implacable.